El infierno de Dante tiene forma de embudo, mientras que el de Virgilio tiene forma de Y. La Y es una letra con dos astas, una hacia la derecha, y otra hacia la izquierda, con ella se nos representan las dos enseñanzas contenidas en la misma, quienes eligen el asta derecha son aquellos inteligentes que escogen el verdadero sentido, hay quienes eligen el asta izquierda engañados en ese sentido siniestro, guiados por la razón, camino que conduce al infierno. Muchos de entre los que deciden tomar el sentido del asta derecha, sucumben en su empeño al ser la vía estrecha y poco recorrida, considerando el enorme esfuerzo y dedicación que ello lleva aparejado, y yerran eligiendo el sentido izquierdo…
Así hablaba el maestro a sus alumnos aquella tarde lluviosa de un otoño de 1542 en la estancia más elevada de la torre más alejada de la muralla exterior de la abadía benedictina de San Froilán de Hoogburg., cuando fue interrumpido por el retumbar profundo de unas nubes cada vez mas sombrías. Los hachones colgados en los pétreos y húmedos muros de la sala, oscilaron por la súbita corriente que había entrado a través de las saeteras más altas. Sobre los antiguos scriptorium, se agazapaban las capuchas de los albornoces de los neófitos alumnos, que se aplicaban escuchando y tomando breves notas mentales para poner cuestiones a su maestro mas tarde durante el posible paseo a través del claustro una vez que la campana llamase a vísperas. Las velas chisporrotearon indecisas sobre lágrimas de cera antiguas, dejando ver casi toda la negrura del pábilo, amenazando con apagarse; nadie se movió, ni manifestó temor alguno.
Una vez pasado el trueno, se pudo comprobar que el maestro no había dejado de impartir su lección.
…el furor del tártaro corrosivo, del azufre, y del llanto y rechinar de dientes por lo perdido, pero aún más os digo, que todo ha de pasar por la luz porque todas las cosas tienen una luz en si mismas, y cada luz alumbra la cosa de donde procede y sin esa luz délfica no se puede hablar sobre los misterios de la divinidad…
Arreciaron afuera las gotas, como un retumbar de tambores lejanos, al principio como un son, como un redoble que al oírlo estremecía, como si fueran soldados marchando, entre destellos esta vez, que apagados de momento de sonido, se colaban por las aspilleras.
Se atrevieron a mirarse unos a otros, los mas medrosos sintieron un escalofrío desde los desnudos pies que ahora se apoyaban sobre las frías losas, hasta lo más profundo de su ser hambriento y escuálido. Apoyados en las paredes, se encabalgaban unos a otros, los anaqueles con antiguos rollos de pergaminos, y de códices encuadernados en pieles de cordero, protegidos por cortinas de cuero negro ya, por el paso del tiempo y polvo; sobre las mesas de trabajo, cantidades de morteros, redomas, cajas taraceadas, algunas con signos árabes o aleyas del Corán, otras en caracteres latinos, gruesos haces de cálamos guardados en frascos de cristal, almireces, aludeles, cucúrbitas, cinabrio, cobre, tinteros, tras unos lienzos oscuros algunos espejos, escorias recogidas en ceniceros, cajas de azafrán, magnetita, mármol tres enormes atriles de madera sobre los que descansaban descomunales códices encuadernados con piel de buey, o de asno, planchas damasquinadas de chapa redoblada, en las que se señalaban signos cabalísticos; a ambos lados de los alumnos y a todo lo largo de la habitación, corrían las cajonerías; sobre otras mesas de trabajo, se multiplicaban mecheros, hornillos, ataifores de Damasco, copas de Oriente, lámparas apagadas, candeleros, pebeteros; en los extremos y a ambos lados de la tarima desde la que impartía su lección el maestro, se apilaban arcones, cofres, y bolsas de piel, llenas de un desconocido contenido, también y cuidadosamente protegidos, unos oscuros frascos que contenían licor de mumia.
El murmullo era ahora atronador, y el maestro ajeno a todo lo que le rodeaba, continuaba en su práctica, desgranando la lección, ajeno a todo lo que ocurriera a su alrededor; frases inconexas llegaban hasta los discípulos en las inflexiones de su voz que a veces se elevaba por encima del estruendo que azotaba a la tierra y a los muros exteriores de la abadía.
…sin embargo también existen muchas cosas malas e insalubres, venenosas que después de su putrefacción pierden toda su malignidad. Así pues, esta es la primera generación de las cosas…
Recelosos los expectantes oyentes fueron agrupándose en un cerco en torno al maestro, no tanto por conseguir escuchar mejor la lección, como por el temor que les infundía la semipenumbra que había comenzado a adueñarse de la estancia después de haberse apagado algunos hachones y algunas velas.
El resplandor de un horno situado a la derecha del dómine, arrancaba lo más duro de sus facciones alumbradas en un contrapicado casi diabólico, con los tonos del realgar que como espuma rojiza sobrenadaba en la superficie de un líquido pernicioso, destilado de un cuerpo humano días atrás retirado de una horca, al que ya en el momento de su descendimiento, las aves carroñeras habían dejado casi en los huesos.
…la materia misma del Arte es, mientras que esté al negro, o en putrefacción, recordad que el color negro, es el primero de la obra, y que el calor del vientre del caballo es el primer fuego necesario para…
Sobre su cabeza, se movían inquietas unas salamandras en sus jaulas de madera, según decían los antiguos, las salamandras podían vivir en el fuego, sin ser consumidas por él, porque habían sido concebidas en éste; éstas miraban fijamente con ojos verticales a la temerosa grey que se arremolinaba buscando la protección del orador que seguía incólume su disertación en medio de la tormenta que estallaba con mas fuerza en el exterior.
…también hay muchos monstruos entre los animales, fijaos en el basilisco tal vez el monstruo de todos los monstruos, que puede matar a un hombre con su mirada, sólo con su aparición, su mirada contiene un veneno superior a todos los venenos, su mirada en un espejo, es capaz de agrietarlo…
Los miró por unos instantes congregados a su entorno meneando tristemente la cabeza venerable, y con voz pesada sin apenas levantarla musitó palabras inconexas que hablaban de muerte, de peligro, de tormentas crueles, y de desastres determinados desde el principio de los tiempos.
Aprestaban el oído, sin conseguir descifrar a que nuevos desastres se enfrentaban, ni a qué peligros y muertes estaban destinados, debajo de algún nombre preeminente que les sirviera de pretexto, cuando el furor de una fina espada rasgó de parte a parte ante sus ojos con el fulgor de mil rayos proyectados desde alguna lejana estrella, los gruesos muros de la torre hendiéndola de parte a parte con una furia belicosa y sonora que llegase del sublime universo.
Pasados unos momentos incontables, sin medida ni baremo, en medio de la noche, y el silencio que ahora lo envolvía todo, con voz temblorosa se oyó al maestro decir.
Es el Nostoch que ha purificado la tierra.
miércoles 28 de abril de 2010
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bonito relato! muy chulo el ambiente mágico y exótico de los claustros por los que transcurre el cuento.
ResponderSuprimiraunque me quedan algunas dudas ¿quién o qué es el Nostoch? ¿y el licor de mumia? ¿acaso existe algo con ese nombre? la RAE no lo sabe y por consiguiente yo tampoco. pero vamos si existe tiene que ser como orujo de tritones o algo asi... ¡quiero probarlo!
por cierto soy Guillermo, el de Huesca.
un abrazo muy grande y recuerdos pa toda la familia