<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714</id><updated>2011-08-09T08:07:42.165-07:00</updated><title type='text'>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>24</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-4888157081526723199</id><published>2011-08-09T08:02:00.000-07:00</published><updated>2011-08-09T08:07:42.174-07:00</updated><title type='text'>"Muerto enVacaciones"</title><content type='html'>La mañana lluviosa y gris del sábado, no predisponía a un día de playa precisamente; caía el agua menuda y silenciosa, tan menuda como decía Rosalía de Castro en sus poemas,  aquello de “…Como chove miudiño, como miudiño chove…”, las calles del puerto de la aldea, están, mas o menos silenciosas, aunque casi todos los días lo son, por lo que no cabe extrañarse de que hoy  a esta hora, permanezcan sigilosas.&lt;br /&gt;	La noche anterior ha habido algún concierto en los bares rellenos de turistas ociosos que copa tras copa han ido llegando al alba húmeda  con rachas suaves del Atlántico,  hasta que la friolera de éste los ha ido largando a sus camas y a sus menesteres, y se eleva ahora por encima de las cubiertas de pizarra de la casas, como un sopor de sueño profundo de  exceso de alcohol y relajo de músculos y de mentes.&lt;br /&gt;	En la puerta del supermercado, aunque no es muy temprana la hora, ya las matronas y algún espartano veraneante, hacen fila ante la cajera de hombro desnudo tatuado, que parece cobrar con cierta desgana tras la verbena a la que no se resistió como el resto de los desquehacerados visitantes del verano.&lt;br /&gt;	Un grito ahogado en la garganta de una clienta de pecho poderoso, pelo blanco y pulcramente recogido en una trenza que enrosca sobre su cabeza, como una serpiente dormida, se paraliza en el umbral de la puerta del supermercado, señalando asustada con ojos como platos hacia el balcón del primer piso de la casa de enfrente, en el que se observa el cráneo de un hombre calvo descansando bajo las guías de la persiana, a su lado algunas macetas agradecen la lluvia agosteña, y el silencio antes anunciado, estalla contra las hendiduras de la persiana del balcón, que parecen hablar de un apartamento sumido en la mas absoluta sombra que ahora guarda la tragedia que va a estallar dentro de poco por la muerte entrevista  de esta matrona al salir del súper y que despertará poco a poco a la aldea de su letargo vacacional, y pondrá el corazón de las sencillas mujeres de la localidad en un puño.&lt;br /&gt;	A la alarma que paraliza a esta buena mujer, le siguen las carreras de la cajera y todas las empleadas del súper, en tropel con los clientes, apelotonándose en la puerta, brazos tímidos señalando al ya mas que durmiente, muerto auténtico. &lt;br /&gt;_ ¡Ay que desgracia!&lt;br /&gt;_ Habrá caído al abrir y yace ahora ahí sin socorro alguno&lt;br /&gt;_ Llamad, llamad a  alguien&lt;br /&gt;_Que alguien haga algo&lt;br /&gt;_Regina, Regina tendrá la llave, corred, corred, abrid la puerta y socorred a ese pobre hombre&lt;br /&gt; ¡Ay si, ay si!&lt;br /&gt;¡Ay Dios mío, ay Dios mío!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	En poco tiempo varias mujeres se apelotonan en el portal, pero ninguna decide entrar y subir, la patrona, con la llave en la mano, a un hombre valiente, toma, toma sube tú y abre, tú que eres fuerte y lo podrás levantar.&lt;br /&gt;_ ¡No, no, que no lo levante hasta que no venga el juez!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	Desde el supermercado mientras tanto, aventuran mil conjeturas acerca de la causa de la muerte, acerca de quien es la víctima, una mujer delgada que viene de su carrera temprana y saludable con  mochila a la espalda dice conocerle, es un veraneante habitual de otros años, pues ha coincidido con él alguna vez tomando café en el mismo bar del paseo de la playa; en la acera de enfrente mientras tanto, se lamenta  azorada la arrendadora del inmueble&lt;br /&gt;_ ¡Virgen santa que desgracia…!&lt;br /&gt;_ No dejan de temblarme las piernas&lt;br /&gt; Exclama la carnicera en un nerviosismo continuo&lt;br /&gt;	La responsable de la panadería aprieta contra su pecho los últimos croissants que debía colocar sobre el expositor, mientras mira hipnotizada al hombre que yace en el balcón, inerte, sin dar señales de vida a pesar de la algarabía que se ha montado en la calle.&lt;br /&gt;	Las ofertas con sus colores chillones forman un fondo multicolor decorado ideal e inesperado del directo-directo de esta mañana, algunas resultan ofensivas, como el llévese tres por el precio de dos, o pollos asados por encargo, cualquier alma piadosa pediría que se retirase toda esta morralla del lugar, por respeto al cadáver, pero no, la prontitud de la hora y lo inesperado del lugar y del día, no hacen sino alimentar a una clientela madrugadora que mira hacia el balcón esperando ver como el hombre alto y fuerte arrastra por los pies el cadáver hacia el fondo de la habitación, hurtando a los seguidores de este inesperado espectáculo, que mas tarde les servirá para comentar y decir: Yo estuve allí, durante el resto de la jornada, incluso, les servirá como noticia del  resto del verano en la aldea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	¡Ay como me va el corazón susurra a un lado la responsable de reponer en los expositores, apretando entre sus manos las cajas de manzanilla de la sección de infusiones y desayunos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	La menuda lluvia, no por esto ha dejado de caer, sino que en algún momento de esta tragedia que se está fraguando ha arreciado brevemente en algún momento sin que por ello haya conseguido ahuyentar a los expectantes clientes y escasísimos viandantes que han acertado a estar allí en esos momentos de máximo interés. Va calando las finas prendas del verano y encrespando los cabellos y moteando los cristales de las gafas de los que miran para arriba ante la tardanza ya del esperado arrastrar por los pies, del vamos a decirlo muerto del todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	Un murmullo recorre a los espectadores de esta lado de la calle, mientras que las mujeres del portal se aprestan en torno al hombre que aparece en la acera devolviendo la llave del piso; más que con las voces, inquieren con los ojos acerca de un &lt;br /&gt;¿Qué pasó?&lt;br /&gt;_ Y nada, hay más gente en el piso&lt;br /&gt;_Están todos durmiendo&lt;br /&gt;_ ¿Y el señor del balcón?&lt;br /&gt;_No sé, están todos bien yo no he ido hasta él&lt;br /&gt;_ Ay, podías haberte acercado&lt;br /&gt;Se lamentan las mujeres con fastidio&lt;br /&gt;_Y yo que sé, como voy a pasar a una casa en la que están sus ocupantes&lt;br /&gt;Les contesta desentendiéndose&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_ ¿Que ocurrió, que ocurrió?&lt;br /&gt;Peguntan en la acera de enfrente&lt;br /&gt;_ Nada que estará durmiendo la moña&lt;br /&gt;_Que valor tienen, por lo menos podría dormir dentro, y no darnos estos sustos&lt;br /&gt;_La gente ya no es como antes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	Las miradas se vuelven unas a otras buscando a la autora del anuncio, a la matrona de pelo blanco y trenza como una serpiente dormida sobre su cabeza, pero ha desaparecido ya; la cajera se lamenta en voz alta&lt;br /&gt;_ ¡Se fue sin pagar!, ¡Mira que fresca!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;	Con el pequeño estrépito marcado por , porqué no decirlo, la decepción de que el muerto no era tal, éste se despierta e incorporándose un poco con ojos rojos y boca pastosa de sueño y resaca, mira hacia la calle y se sacude mecánicamente las finas gotas de lluvia que le han estado salpicando desde las dalias y hortensias que colorean las macetas de su balcón, después renqueante y con achaques de haber dormido toda la noche al raso, desaparece hacia el interior de su vivienda, en calzoncillos, habiéndose dado antes un coscorrón contra la persiana que ahora permanece muda y solitaria guardando la penumbra del interior que no ha variado nada desde que comenzó el caso en esta mañana veraniega de lluvia menuda y cielo muy gris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-4888157081526723199?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/4888157081526723199/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2011/08/muerto-en-vacaciones.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/4888157081526723199'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/4888157081526723199'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2011/08/muerto-en-vacaciones.html' title='&lt;h1&gt;&quot;Muerto en&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Vacaciones&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-188709343762372653</id><published>2010-04-28T10:12:00.000-07:00</published><updated>2010-04-28T10:21:34.188-07:00</updated><title type='text'>"Scriptorium"</title><content type='html'>&lt;span style="font-style:italic;"&gt;El infierno de Dante tiene forma de embudo, mientras que el de Virgilio tiene forma de Y. La Y es una letra con dos astas, una hacia la derecha, y otra hacia la izquierda, con ella se nos representan las dos enseñanzas contenidas en la misma, quienes eligen el asta derecha son aquellos inteligentes que escogen el verdadero sentido, hay quienes eligen el asta izquierda  engañados en ese sentido siniestro, guiados por la razón, camino que conduce al infierno. Muchos de entre  los que deciden tomar el sentido del asta derecha, sucumben  en su empeño al ser la vía estrecha y poco recorrida, considerando el enorme esfuerzo y dedicación que ello lleva aparejado, y yerran eligiendo el sentido izquierdo…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; Así hablaba el maestro a sus alumnos aquella tarde lluviosa de un otoño de 1542 en la estancia más elevada de la torre más alejada de la muralla exterior de la abadía benedictina de San Froilán de Hoogburg., cuando fue interrumpido por el retumbar profundo de unas nubes cada vez mas sombrías. Los hachones colgados en los pétreos y húmedos muros de la sala, oscilaron por la  súbita corriente que había entrado a través de las saeteras más altas. Sobre los antiguos scriptorium, se agazapaban las capuchas de los albornoces de los neófitos alumnos, que se aplicaban escuchando y tomando breves notas mentales para poner cuestiones a su maestro mas tarde durante el posible paseo a través del claustro una vez que la campana llamase a vísperas. Las  velas chisporrotearon indecisas sobre lágrimas de cera antiguas, dejando ver casi toda la negrura del pábilo, amenazando con apagarse; nadie se movió, ni manifestó temor alguno.&lt;br /&gt; Una vez pasado el trueno, se pudo comprobar que el maestro no había dejado de impartir su lección.&lt;br /&gt; &lt;span style="font-style:italic;"&gt;…el furor del tártaro corrosivo, del azufre, y del llanto y rechinar de dientes por lo perdido, pero aún más os digo, que todo ha de pasar por la luz porque todas las cosas tienen una luz en si mismas, y cada luz alumbra la cosa de donde procede y sin esa luz délfica no se puede hablar sobre los misterios de la divinidad…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; Arreciaron afuera las gotas, como un retumbar de tambores lejanos, al principio como un son, como un redoble que al oírlo estremecía, como si fueran soldados marchando, entre destellos esta vez, que apagados de momento de sonido, se colaban por las aspilleras.&lt;br /&gt; Se atrevieron a mirarse unos a otros, los mas medrosos sintieron un escalofrío desde los desnudos pies que ahora se apoyaban sobre las frías losas, hasta lo más profundo de su ser hambriento y escuálido. Apoyados en las paredes, se encabalgaban unos a otros, los anaqueles con antiguos rollos de pergaminos, y de códices encuadernados en pieles de cordero, protegidos por cortinas de cuero negro ya, por el paso del tiempo y polvo; sobre las mesas de trabajo, cantidades de morteros, redomas, cajas taraceadas, algunas con signos árabes o aleyas del Corán, otras en caracteres latinos, gruesos haces de cálamos guardados en frascos de cristal, almireces, aludeles, cucúrbitas, cinabrio, cobre, tinteros, tras unos lienzos oscuros algunos espejos, escorias recogidas en ceniceros, cajas de azafrán, magnetita, mármol tres enormes atriles de madera sobre los que descansaban descomunales códices  encuadernados con piel de buey, o de asno, planchas damasquinadas de chapa redoblada, en las que se señalaban signos cabalísticos; a ambos lados de los alumnos y a todo lo largo de la  habitación, corrían las cajonerías; sobre otras mesas de trabajo, se multiplicaban mecheros, hornillos, ataifores de Damasco, copas de Oriente, lámparas apagadas, candeleros, pebeteros;  en los extremos y a ambos lados de la tarima desde la que impartía su lección el maestro, se apilaban arcones, cofres, y bolsas de piel, llenas de un desconocido contenido, también y cuidadosamente protegidos, unos oscuros frascos que contenían licor de mumia.&lt;br /&gt;El murmullo era ahora atronador, y el maestro ajeno a todo lo que le rodeaba, continuaba en su práctica, desgranando la lección, ajeno a todo lo que ocurriera a su alrededor; frases inconexas llegaban hasta los discípulos en las inflexiones de su voz que a veces se elevaba por encima del estruendo que azotaba a la tierra y a los muros exteriores de la abadía.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;…sin embargo también existen muchas cosas malas e insalubres, venenosas que después de su putrefacción pierden toda su malignidad. Así pues, esta es la primera generación de las cosas…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Recelosos los expectantes oyentes fueron agrupándose en un cerco en torno al maestro, no tanto por conseguir escuchar mejor la lección, como por el temor que les infundía la semipenumbra que había comenzado a adueñarse de la estancia después de haberse apagado algunos hachones y algunas velas.&lt;br /&gt;El resplandor de un horno situado a la derecha del  dómine, arrancaba lo más duro de sus facciones alumbradas en  un contrapicado casi diabólico, con los tonos del realgar que como espuma rojiza sobrenadaba en la superficie de un líquido pernicioso, destilado de un cuerpo humano días atrás retirado de una horca, al que ya en el momento de su descendimiento, las aves carroñeras habían dejado casi en los huesos.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;…la materia misma del Arte es, mientras que esté al negro, o en putrefacción, recordad que el color negro, es el primero de la obra, y que el calor del vientre del caballo es el primer fuego necesario para…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Sobre su cabeza, se movían inquietas unas salamandras en sus jaulas de madera, según decían los antiguos, las salamandras podían vivir en el fuego, sin ser consumidas por él,  porque habían  sido concebidas en éste; éstas miraban fijamente con ojos verticales a la temerosa grey que se  arremolinaba buscando la protección del orador que seguía incólume su disertación en medio de la tormenta que estallaba  con mas fuerza en el exterior.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;…también hay muchos monstruos entre los animales, fijaos en el basilisco tal vez el monstruo de todos los monstruos, que puede matar a un hombre con su mirada, sólo con su aparición, su mirada contiene un veneno superior a todos los venenos, su mirada en  un espejo, es capaz de agrietarlo…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Los miró por unos instantes congregados a su entorno meneando tristemente la cabeza venerable, y con voz pesada sin apenas levantarla musitó palabras inconexas que hablaban de muerte, de peligro, de tormentas crueles, y de desastres determinados desde el principio de los tiempos.&lt;br /&gt;Aprestaban el oído, sin conseguir descifrar a que nuevos desastres se enfrentaban, ni a qué peligros y muertes estaban destinados, debajo de algún nombre preeminente que les sirviera de pretexto, cuando el furor de una fina espada rasgó de parte a parte ante sus ojos con el fulgor de mil rayos proyectados desde alguna lejana estrella, los gruesos muros de la torre hendiéndola de parte a parte con una furia belicosa y sonora que llegase del sublime universo.&lt;br /&gt;Pasados unos momentos incontables, sin medida ni baremo, en medio de la noche, y el silencio que ahora lo envolvía todo, con voz temblorosa se oyó al maestro decir.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Es el Nostoch que ha purificado la tierra.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-188709343762372653?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/188709343762372653/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2010/04/scriptorium.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/188709343762372653'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/188709343762372653'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2010/04/scriptorium.html' title='&lt;h1&gt;&quot;Scriptorium&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-8092295408242493131</id><published>2010-04-26T11:07:00.000-07:00</published><updated>2010-04-26T11:10:45.748-07:00</updated><title type='text'>" Incendio"</title><content type='html'>En la cuesta muda y serena a esa hora indefinida entre el final de la tarde y el anochecer de uno de los primeros días de la primavera, cuando la luz declina rápidamente, el silencio absoluto se adueña del momento, honda, profunda y a la vez íntimamente.&lt;br /&gt; El serpenteo del camino se perdía hacía arriba como buscando la luz que entre las oscuras nubes, a penas conseguía traspasar  e iluminar las copas de los árboles, que mucho más arriba, se asomaban hacía poniente. &lt;br /&gt; Hacia el fondo del estrecho valle, a la espalda del caminante, las tinieblas se apoderaban rápidamente de los viejos olmos y encinas, que asemejaban a veces agónicos lamentos de ramas entre la sombras, como si quisieran huir o agarrarse a su última esperanza para salir de allí acompañando al viajero hacia la luz, hacia un alargar de la vida. De improviso en medio del mutismo antes anunciado, el golpe de algún fruto cauteloso seco y casi sordo que viene de la tenebrosidad del fondo del camino allá abajo, se traba con un escalofrío en la espalda del transeúnte.&lt;br /&gt; El desconocimiento azuza la imaginación y mientras que el vello se eriza en su nuca, vuelve la cabeza  con los ojos muy abiertos buscando no se sabe qué, no se sabe que respuesta a lo ignorado que ha sonado en el fondo.&lt;br /&gt; Paralizado por momentos que pueden parecer una eternidad, mientras escruta con los sentidos la espesura cada vez más sombría de donde juzga que ha llegado el sordo eco, escucha el fluir de la sangre alocada por sus venas y comienza una retirada cautelosa de espaldas a la cuesta sin perder de vista el fondo.&lt;br /&gt; Poco tiempo después riéndose para sí, recupera el ritmo y la postura normal, caminado hacia adelante, sumergiéndose en sus pensamientos, gozando de los últimos clarores que conforme alcanza altura se van divisando más anaranjados hacia el oeste que aún no llega a vislumbrar, pero inesperadamente pronto, vuelven a resonar a su espalda, uno, y otro golpes sordos, a veces crepitantes, y dos, y tres más allá repetidos; sin volver el rostro, la cara dura y disuelta en el silencio de la cuesta ante sí, con tanta piedra en la rampa del camino interminable, que no se atreve a descubrir por demasiado miedo, la causa de su desasosiego mientras que el sudor tritura su frente con la palidez igualada al reseco de su  boca.&lt;br /&gt; Arriba, arriba está la salvación y vuelve a correr trastabillando de vez en cuando o resbalando en los guijarros sueltos&lt;br /&gt; Al poco tiempo, desde el alcor con la respiración estremecida, contempla las pavorosas lenguas de fuego que entre retorcidos torbellinos crepitantes cuando alcanzan determinados grupos de árboles y breñas, avanzan desde el este hacia el fondo del agosto valle sumido hasta hace bien poco en la paz y el silencio casi de ermitaño&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-8092295408242493131?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/8092295408242493131/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2010/04/incendio.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/8092295408242493131'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/8092295408242493131'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2010/04/incendio.html' title='&lt;h1&gt;&quot; Incendio&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-702578570445165647</id><published>2010-01-24T10:36:00.000-08:00</published><updated>2010-01-24T10:39:31.349-08:00</updated><title type='text'>"La Noche"</title><content type='html'>Se oyen golpes en mi ventana. ¿Quién será? La noche que llama desde la oscuridad…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Abro y me asomo, la Luna no está, y viento es lo que me da, viento tibio de otoño que aúlla entre los barrotes de los balcones, entre los tubos, huecos y ángulos de los edificios, gritando en la noche para asustar, para soltar maldiciones y palabras perdidas, llenas de desasosiego, de extrañeza, de lamento…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; ¡Vuelan hojas, bolsas, pinzas, trapos y mil y un objetos más! ¡Mecidos brutalmente por tan grosera e impresionante ráfaga de viento y nocturnidad…!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Respiro la noche solitaria a las cuatro de la madrugada… y algo me pide, algo me llama…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Huele a tierra, a tierra quemada, pues miro a la lejanía y veo nubes de polvo y humo volar hacia adentro…algo siniestro ocurre…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Parece que el Apocalipsis se acerca con la oscuridad, pues zonas enteras de la ciudad se quedan sin la preciada electricidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡De repente! Aquí también queda todo a oscuras, y los árboles se agitan nerviosos, sombras extrañas caminan por la calle oscura, el viento sigue soplando ahora con más fuerza y voluntad, y yo tengo miedo, miedo a lo que desconozco, y a esta noche yo no la conozco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Sirenas lejanas, gritos apagados, luces que no encienden, lluvia frágil y gotas que ahora caen. ¡Es el fin!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Lo peor ha pasado, la lluvia fina cesa, huele a tierra mojada, el viento calla y las luces se encienden poco a poco iluminando  la calle de manera extraña, como fantasmas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Miro el silencio, siento mi asombro, aprieto las manos contra el marco bajo de la ventana y miro a la calle, que muda, me dice que algo ha cambiado. Y ese alguien o algo me mira a mí, desde abajo, subido a un pasamanos de raquíticas barandillas semioxidadas y ahogadas bajo capas de pintura oscura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Es un gato, un gato negro, quieto, inmóvil y misterioso se fija, sabe que estoy asombrado y desorientado tras tan inaudita  revelación nocturna. Pero hay algo más en la mirada del impertinente animal, es, como si yo fuese un testigo no deseado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; ¡Oh Dios mío! ¡El gato como si de una aberración se tratara vuela hacia mí con alas de murciélago y garras de asesino!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; ¡Presto bajo la persiana, cierro la ventana y me escondo bajo las sábanas con ojos cerrados y dientes apretados como candados!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota: Este relato no es de Euveden se edita con la autorización correspondiente; a continuación, por que me lo recuerda, se transcribe el Canto VII de Oda a un Ruiseñor, de John Keats&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú no has nacido para morir, ¡oh pájaro inmortal!&lt;br /&gt;no has tenido una generación que te pisoteara;&lt;br /&gt;la voz que escucho esta noche precisa&lt;br /&gt;ya fue oída por reyes y pastores hace siglos.&lt;br /&gt;Quizás es e mismo canto que abrió una senda&lt;br /&gt;hasta el desalentado corazón de Ruth, cuando nostálgica,&lt;br /&gt;prorrumpió un llanto en el trigal ajeno;&lt;br /&gt;el mismo que a menudo encantó esas ventanas mágicas&lt;br /&gt;abiertas a la espuma de mares peligrosos,&lt;br /&gt;en ideales tierras olvidadas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-702578570445165647?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/702578570445165647/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2010/01/la-noche.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/702578570445165647'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/702578570445165647'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2010/01/la-noche.html' title='&lt;h1&gt;&quot;La Noche&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-395930807384141543</id><published>2010-01-05T07:48:00.000-08:00</published><updated>2010-01-05T07:59:48.983-08:00</updated><title type='text'> "Onírico" </title><content type='html'>No hubiera sido necesario moverse en aquel momento, pero lo hizo en el que la angustia que le producía aquella onírica situación, le empujaba a salir de algún modo de aquél lugar, aun desconociendo el camino. La plaza era sensiblemente cuadrangular, pero de lados  toscos con recovecos, pasadizos, o rincones con grandes puertas de carruajes, cerradas, de madera seca y astillada por el paso del tiempo. &lt;br /&gt;Se intuía el peligro muy cerca de alguna de aquellas paredes, o a través de ellas, algo como muchos toros bravos resoplando, de mirada humanamente salvaje, de mirada que parecía traspasar el tiempo y el lugar, de mirada de maldad tras la que no se ocultan las verdaderas intenciones, una indescifrable necesidad de hacer daño.&lt;br /&gt;Algunas mujeres, dos, o cuatro, tal vez ninguna, se atrevieron presurosas y silenciosas, como una imagen fugazmente aparecida, a atravesar la plaza sobre cuyo suelo de tierra, se arremolinaban algunas hojas, o basuras indescriptibles; pasaban o no pasaron, arrebujadas en mantones negros, dejando ver, o intuir quizás, tan solo su cara enmarcada por el óvalo negro de la lana obscurecida.&lt;br /&gt;Las altas ventanas, se perdían en la lejanía de las paredes de los edificios primitivos o toscos que circundaban la plaza, aunque estuvieran relativamente cerca, era una lejanía de adobes desgastados por las lluvias, en cuyos huecos, habían tejido las arañas sutiles redes ahora marrones y cubiertas de polvo, sobre las que debía hacer mucho tiempo ya, que no caía en su trampa  prisionero alguno; las rejas  altas también, recubiertas de un óxido antiguo, ese óxido que se suelta al contacto de la mano, por ser la primera en muchos años que se atreve o puede  estar ahí para tocar la ruda caricia de su capa externa descompuesta; las altas rejas inalcanzables, y el miedo acechando por cualquier rincón de la plaza cerrada con edificios de adobe.&lt;br /&gt;Un carro en un rincón de la soledad, las varas  apoyadas en la tierra y una sensación en sus atalajes, y en la llanta de acero de las ruedas, de abandono. Entre las hendiduras de su fondo de tablas de madera, quedaban prisioneros, granos de trigo de antiquísimas cosechas, llevadas en otro tiempo menos alucinado, al molino para convertirse en una ayuda o sustento para la vida, que ahora a pesar de las dos o cuatro mujeres, o ninguna, que hubiera atravesado la anchura entre los edificios, parecía existir.&lt;br /&gt;La luz débil, parecía llegar desde un horizonte de atardecida, no se hubiera podido decir si era una atardecida real, o un tiempo paralizado, a caballo entre un sol estancado en su viajar por el universo, y unas débiles o imaginarias luminarias colgando de cables que mecía el viento, formando conos de luz sucia, sujetas a intervalos irregulares, entre un extremo y otro de las paredes que cerraban el lugar, y que hasta el momento, no ofrecían ninguna garantía de que por algún hueco se pudiera salir.&lt;br /&gt;La luz proyectada por las imaginarias luminarias o por la atardecida luz suspensa un instante ya muy largo en el tiempo, conseguían dejar zonas de la plaza en sombra, a cuyo cobijo, supuestamente se estaba decidiendo el desenlace de un no saber que extraño y temido suceso, que impedía gritar, gritarle, al parto del suceso para que desapareciera.&lt;br /&gt;Estaba seguro en su fuero interno, en lo más recóndito de su ser, de su deseo tal vez, de que si consiguiese  gritarle, acabaría por estallar y desaparecer, sustituyendo la ansiedad y la congoja que lo inundaba todo, por un suspiro profundo y confiado junto con el que aparecería seguramente la luz del nuevo día rasgando el cristal de las ventanas, y con ella el descanso confiado, abandonado a la seguridad de la luminosidad y el calor que lo inundaría todo haciendo confortable y tangiblemente sólido el instante o la eterna situación que estaba viviendo.&lt;br /&gt;Un no muy alto balcón de larga y estrecha losa, se descolgaba en un rincón hasta ahora no vislumbrado de aquel espacio irreal, tras su barandilla de hierro también oxidada, se asomaban dos ventanas gemelas, separadas por un parteluz que parecía llegar desde el arte del románico.&lt;br /&gt;En aquel momento supo que allí podía estar su salvación, sólo era necesario impulsarse hacia arriba y agarrarse a la reja de la barandilla, para trepar hasta las ventanas&lt;br /&gt;Alguien muy cerca estaba en peligro inminente, era un terror atávico y desconocido a la vez, el que le impelía a recorrer con la vista los ángulos y zonas obscuras, buscando no sabía que, aunque sí algo amenazador a flor de piel. Nada se desarrollaba no obstante aun a pesar de la incesante necesidad de que se encarnara, incorporara, o se concentrara, añadiera o se representara, o se completara en aquel momento y lugar, para acabar con todo de una vez.&lt;br /&gt;Una lejana voz pretendidamente reconocida como en un sueño, con la certeza del que quiere y necesita creer en algo para que el mundo que le rodea, el que conceptúa real, no se hunda en el pozo de la desesperación por la evidencia de que algo se ha roto, algo sobre lo que estaba basada su existencia, llegó hasta sus oídos. ¿O era una ilusión necesaria, un espejismo?&lt;br /&gt;Volvió toda su atención hacia las ventanas gemelas creyendo ver también alguna imagen del pasado que le llamaba, tirando de él, invitándole como el salvavidas arrojado al fragor de las olas, amarrado a un cabo que une con el barco en medio del océano tempestuoso, también volvió a tirar de él, la sombra fugaz de una o dos mujeres que atravesaban la plaza, sin saber por donde habían aparecido, ni en donde habían desaparecido.&lt;br /&gt;Y gritó, les grito a ellas y a la ¿mujer?, ¿figura? de las ventanas gemelas, pero de su garganta no salía ningún sonido, quizás tenía la boca sin labios, sin garganta, sin laringe, era un grito que se inarticulaba, muriendo en el mismo instante de querer ser expulsado, pronunciado, advirtiendo de algo muy peligroso y oculto que durante toda la extensión del tiempo se cernía y acechaba desde las sombras del entendimiento y los anteriores oscuros rincones de la plaza.&lt;br /&gt;Gritó al fin y oyéndose, despertó y descansó comprobando que las primeras luces del amanecer herían en un tono azul-anaranjado los cristales de la ventana mientras que sobre los árboles cercanos  saludan los pájaros piando al nuevo día.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-395930807384141543?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/395930807384141543/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2010/01/onirico.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/395930807384141543'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/395930807384141543'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2010/01/onirico.html' title='&lt;h1&gt; &quot;Onírico&quot; &lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-3614359992018804136</id><published>2009-12-06T11:24:00.000-08:00</published><updated>2009-12-06T11:28:39.981-08:00</updated><title type='text'>"En elInvierno”</title><content type='html'>En la mitad de la mañana disponiendo ya no de todo el tiempo del mundo, los ojos grises acuosos miran hacia algún lugar indeterminado. Inusualmente el sol calienta y brilla sobre un cielo despejado, y se advierte una ligerísima brisa del suroeste, que hace parecer el ambiente más agradable, mucho mas de lo que cabría esperar en una mañana como esta de finales del otoño. Todo el mundo se pregunta el porqué de esta situación de esta estacionalidad inesperada del clima, de esta bonanza, de esta especie de veranillo de regalo, los árboles no han terminado de deshacerse de todas sus hojas, y la savia  que corre por sus vasos, anda como indecisa y sobresaltada, sin saber si hibernar o buscar un calendario inexistente que le asegure de la próxima llegada del invierno, y no de esta especie de primavera, anda arriba y abajo en sus fuero interno, hacia el exterior, pregona su desnudar de hojas, y la próxima muerte pequeña definitiva que traerá un nuevo renacer cuando lleguen los lejanos días de la primavera de verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El hombre de los ojos grises y acuosos sigue mirando a lugares indeterminados a su derecha e izquierda, sentado en el banco de un parque en el que a pesar del desasosiego de la savia de los árboles, el sí que sabe que el invierno llegará, aunque hoy equipado con abrigo, bufanda y gorra, se deje acariciar por los rayos del sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Sus ojos ya han visto muchos inviernos, aunque ninguno como  este en el que  siente el frío de la vejez y la presencia de la muerte que quizás le ronde. Las manos se le cierran nudosas sobre un bastón con puntera de goma, con el que dibuja juegos y líneas sobre el paseo blando solo descifrables por él, a la par que suceden  estos momentos de paz vegetal en silencio, llegan hasta su descasado lugar, los ecos del tráfico no lejano de la ciudad, y alguna hoja a pesar del desconcierto de la savia cae blandamente describiendo un leve vibrar en espiral reposando sobre la gravilla finalmente. No pasea nadie a esta hora, está solo y carraspea en voz alta una flema y una débil tos que le molesta de vez en cuando en la garganta. Tras ese acto de afirmación se arrebuja en el abrigo con gestos cuidados y lentos en los que se adivina un cierto cansancio y aburrimiento no falto de necesidad de comunicación con otros semejantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Como se dice y se escucha, fuera del parque, los coches atraviesan veloces las avenidas, las gentes apresuradas deambulan de un sitio a otro con el gesto cansado e impertinentemente superior, encerrando a cada hombre o mujer en un mundo unipersonal, creando a su alrededor una muralla invisible, que nadie puede vulnerar, ni mucho menos asaltar, so pena de recibir el flechazo de una mirada amenazante, o cuando menos, hosca, es la defensa contra el otro, casualmente el semejante, del que cabría esperar una mirada de complicidad, o una sonrisa de aliento, pero no, el otro, el semejante es un extraño del que nadie se fía. Se diría que todo el mundo tiene miedo de la otra mitad y viceversa, las prisas, los teléfonos, los anuncios, las señales, las llamadas de atención de los mercaderes, los vendo, los compro, los luminosos, los neón, los circulen, los mendigos, nadie se habla, nadie se comunica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Tras un largo paréntesis en silencio durante el que se ha abandonado a sus recuerdos, la tos vuelve a picarle en la garganta y el eco de su ruido espanta a unos pájaros cercanos que picoteaban aquí y allá invisibles semillas o gusanos; despliega después con parsimonia y cuidado una bolsa de plástico blanco que descansa junto a él, sobre el banco de madera, y revisa minuciosamente su interior como asegurándose de que todas sus pertenencias continúan allí, no saca nada, no trasciende nada como si quisiera ocultar su contenido, bien por temor o bien por vergüenza, aunque pueda parecer extraño, una vez más vuelve a mirar a derecha e izquierda, como asegurándose de que está solo, y pliega cuidadosamente el pobre envoltorio. Otros inviernos lejanos, vienen a su mente en los que el vigor corría por todos sus músculos cuando hacía frente a los hielos y a las crudas mañanas saliendo temprano del amor de la casa para  ganarse el sustento y el de su familia, pero eran otros tiempos, difíciles si, pero eran suyos; ahora casi nada le pertenece, ni un tiempo que no entiende, ni unos seres humanos que le rodean, para los que pasa inadvertido, aunque el no lo crea, no pasa mucho mas inadvertido que la mayor parte del resto de sus congéneres a la otra parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El hombre del tiempo dice que los vientos del suroeste tomarán prestado un paréntesis a la borrasca de los vientos fríos del norte y el fin de semana se prevé ideal para la práctica de los deportes de invierno, nevará ligeramente en cotas altas, por lo que se esperan unos dos o tres millones de desplazamientos por carretera, por lo que se recomienda extremar las precauciones, a la vez que los responsables del tráfico advierten a los conductores que deben extremar la precaución, las grandes pantallas anuncian y proponen extraordinarios viajes, placeres, y lujos al alcance de cualquiera, medios de locomoción y la última colonia o la bajada de los tipos de interés. Los hombres y mujeres que pasan sin mirarse, rápidos, los unos a los otros, no saben que han perdido o están a punto de perder la capacidad de enunciar un criterio propio, parece como el final de los tiempos, la mayoría de la humanidad parece aceptar sin demasiado sobresalto que el final de una era se aproxima, que es lo mismo que ocurra hoy que mañana, que no parece ser tan importante el sobrecalentamiento del planeta, cuando tenemos tanta urgencia y prisa con cumplir con nuestro día a día que nos provee de la papilla primordial que lanzan las grandes pantallas y los grandes dueños medios de comunicación de masas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ya dura mucho rato el silencio manchado por el rumor de los coches de las cercanas avenidas, el sol ha ido declinando su poderosa cabeza, y algunas nubes bajas le comienzan a ocultar a intervalos empujadas por el débil viento del suroeste, las copas altas de los árboles se mecen a su suave vaivén, y el hombre viejo del banco sigue ahora con la mirada perdida en un punto lejano del parque sin definir, si uno pudiera acercarse hasta él, vería en sus ojos una lágrima que no se atreve del todo a resbalar por los surcos de sus mejillas, la gorra calada hasta unas pobladas cejas blancas, le protege de un breve  halo de tierra que levanta el suroeste; si le pudiéramos preguntar por su tristeza casi es seguro que no nos contestaría, como mucho  mirándonos con asombro podría esbozar una media sonrisa, que daría  tal vez puerta abierta a un diálogo del que está absolutamente necesitado, agradecería una voz amiga que se preocupase por él, para no pasear ya sólo por las largas avenidas del invierno, pero tal vez ahora, ya sea demasiado tarde.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-3614359992018804136?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/3614359992018804136/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/12/en-el-invierno.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/3614359992018804136'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/3614359992018804136'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/12/en-el-invierno.html' title='&lt;h1&gt;&quot;En el&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;Invierno”&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-5073132137153088584</id><published>2009-12-06T11:18:00.000-08:00</published><updated>2009-12-06T11:22:46.356-08:00</updated><title type='text'>"El Oficiante"</title><content type='html'>El oficiante, subió brevemente el tono de la voz para tomar carrerilla en lo que a través de un profundo suspiro, parecía anunciar el final de la salmodia que hacía rato desgranaban sus labios en la semipenumbra del templo a aquella hora vespertina en la que hacía rato los últimos pájaros habían regresado a sus nidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Uno de los velones, titilaba débilmente arrojando sombras contrahechas sobre los grutescos y ornamentación del retablo que se elevaba sobre el ara de los sacrificios, arrancando de entre las imágenes de los santos y los arcángeles la sensación de que cobraban vida por momentos, allá un reflejo del dorado de una túnica, más arriba el reverbero de una espada blandida por un alado ángel, que miraba con gesto adusto a los escasos fieles unos metros mas abajo, simples bultos de ropas oscuras, recogidos en el silencio de la larga nave central.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El sacerdote inició con mas ahínco una nueva cantinela, a la que los congregados contestaban con un sordo susurro de ininteligibles palabras, todas con el mismo ritmo, y con el mismo fin e intención  de miles de años; sobre ellos, la oscura y alta bóveda se estremecía en la oscuridad de un vacío frío, atravesada de antiguos olores de viejo incienso, y el renegrido de los humos de la cera de las velas, que otrora en abundancia iluminaban el templo, hoy casi a oscuras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; A los pies de la nave, se elevaban negras de una madera estofada y batida por el tiempo, las puertas de acceso al templo, a través de las que se colaba hacia el interior una gélida y mínima corriente de aire frío del otoño que se acababa; por su cara exterior presentaban un aire amenazador, tachonadas de clavos de cabezas romas, contra las que se daban de bruces en los tiempos de las guerras de religión los enemigos de esta confesión, eran estas puertas erizadas como los collares de un mastín que defiende a las ovejas del ataque de los lobos; por el intradós de la puerta, entre los cabirones de recia madera que unían las peanas de ésta, y entre los parteluces de la gruesa tablazón y los rodapiés del plinto, se abigarraban a oscuras y en extraña mezcolanza, imágenes talladas en bajorrelieve, del juicio final, y de las penas del infierno, horribles demonios, y desgarradoras escenas del sufrimiento de los condenados, parecían anunciar a los fieles, lo que les esperaba a todos aquellos que estuvieran fuera de la iglesia y perseveraran en el pecado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Se resolvía entre las gruesas columnas que se perdían en la oscuridad indescifrable de la bóveda, el relato del oficiante, y un espacio vacío entre éstas y el núcleo central de los escasos asistentes que se congregaban cerca del altar hacía estremecer los talantes mas decididos; era como si más allá de la breve luz que se atrevía a destellar como un lejano faro en la tormenta, no podía haber salvación, eran las tinieblas exteriores que habían entrado en el templo aprovechando los últimos y mortecinos rayos del débil sol que anunciaban el cercano invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El acólito hizo sonar una campanilla que despertó conciencias y  ojos somnolientos de los asistentes que mecánicamente se hincaron de rodillas entre un susurro de ropas de abrigo y el vaho de las respiraciones que se condensaba en el frío de la nave central; siguió un prolongado silencio que sólo rompía de vez en cuando el crepitar de alguna impureza de las velas al arder; un silencio tan profundo que permitía escuchar el caminar de la sangre por las arterias de los congregados; se diría que durante los minutos de meditación u oración escondida, se había detenido el tiempo en un instante, suspendido y pendiente de algún acontecimiento misterioso o extraordinario a punto de revelarse.&lt;br /&gt; Las cabezas contritas, clavada la barbilla sobre el pecho, arrodillados y sumisos permanecieron un tiempo que parecía no tener fin. Murmuraba siseos el oficiante para sí con los brazos y las manos extendidas en señal de ofrecimiento, una vez que hubo terminado, después de un breve lapso de tiempo, volvió a hacer sonar cristalina la voz de la campanilla el acólito del oficiante, a cuya señal, se levantaron todos de su humillada posición, entre breves suspiros y vuelta a rozar de ropas pesadas de invierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Las naves laterales también sumidas en la casi total oscuridad, recibían proyectada la figura de los arcos de medio punto de las columnas que soportaban la alta bóveda de cañón; en los altares laterales de estas naves, se amontonaba el polvo de años y los oscuros libros descansaban sobre los atriles un sueño de siglos, ininteligibles caracteres adornaban sus lomos roídos por los ratones, los retablos enmarcaban desconocidas escenas, y oscuros óleos de ermitaños o anacoretas de vida contemplativa, preguntando a la calavera que siempre estaba presente ante ellos para recordarles la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En el silencio y la oscuridad que se presagiaba pronta a llegar no bien hubiera terminado el oficiante su liturgia, hubiesen abandonado entre arrastrar de pasos y genuflexiones en silencio los escasos fieles, hubiesen corrido fallebas y cerrojos de las grandes puertas entre chirridos de goznes y hierros y tras el movimiento del apagavelas, que sumiría definitivamente en la tiniebla a todo el templo, se decía que algunas de las  oscuras imágenes de los cuadros, cobraban vida y despertando de su incómoda postura, recorrían las naves y caminaban en silenciosa procesión desde sus sitiales, congregándose todos en la cripta para concitar a los beatos y nobles enterrados allí desde hacía siglos, y para dirigirse hasta las sillerías del coro, entonando un mudo y silencioso canto que helaba la sangre en las venas a quien pudiera no escucharlo aún estando presente, abocándole únicamente a un inimaginable abismo en el que se sumían junto con todas las insidias del mundo, para nunca más volver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ya en el exterior, huidos los escasos habitantes del pueblo hacia sus casas por las oscuras callejas, alumbradas por escasos faroles, el viajero sintió en sus espaldas el frío y erizado roce de la clavazón de cabeza roma de las grandes puertas cerradas definitivamente. Una ráfaga de fría brisa que se arrastraba trayendo el eco de las no lejanas nieves de la montaña que se adivinaba entre el  claroscuro de la luna menguante semioculta por las nubes, le invitaron a caminar con prisa para alejarse de aquel inhóspito lugar en busca de una posada en donde le pudieran recibir y dar cena y cama.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-5073132137153088584?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/5073132137153088584/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/12/el-oficiante.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/5073132137153088584'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/5073132137153088584'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/12/el-oficiante.html' title='&lt;h1&gt;&quot;El Oficiante&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-6490086563852592557</id><published>2009-10-03T04:17:00.000-07:00</published><updated>2009-10-03T04:22:41.744-07:00</updated><title type='text'>"A tan""temprana hora"</title><content type='html'>A tan temprana hora, la mujer de pelo negro con  brillo azabachado, de facciones delgadas y angulosas,  no exenta de cierta belleza que intentaba mejorar tras sonrisa de  un rojo carmín en los labios, y unos aseados y holgados minutos de cuidadoso acicalamiento ante el espejo, a base de remarcar el negro de sus ojos con sombreados de incierto color sobre los párpados, cabellos recogidos en una breve coleta prendida con un pasador de concha de tortuga; cuidadosamente al  parecer pintadas las uñas de las manos; envuelta en un vestido veraniego, se diría que de alguna fibra fresca, con flores rojas no muy chillonas como estampado principal, sobre el que por la previsible frescura de la mañana, se había echado sobre los hombros una leve rebeca de algodón negro, a juego con su pelo y zapatos con tacón de fina aguja, cerrados, que remataban y daban apoyo en precario equilibrio a unas piernas delgadas y largas, enfundadas en unas medias negras, que podrían parecer inusuales, por encontrarse en el ecuador del verano; bajó con amortiguados pasos y graciosos movimientos de cadera  a lo largo de una escalera demasiado empinada para sus tacones al restaurante del hotel, dispuesta a desayunar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Tomó entre melindrosos dedos la carta que descansaba abierta en ángulo diedro sobre un mantel blanco impoluto, el resto de la superficie de la mesa estaba ocupado y previsto por platillos, tazas, vasos, cubertería a discreción, y leves servilletas de hilo fino, con una voluta bordada en el ángulo que quedaba a la vista. Desplazaba con delectación sus pupilas sobre la oferta que se ofrecía en la misma, a la vez que sus papilas gustativas empezaban a segregar la saliva necesaria que anunciaba el próximo goce del final del ayuno nocturno después de un sueño reparador. Interrumpiendo un instante la lectura, cerró los ojos, casi se diría que con un espasmo de sus pestañas que se rozaban estrepitosamente al cerrarse, y alzando la cabeza al estirar el cuello, dejaba adivinar las leves arrugas que ya divulgaban esa edad en la que las mujeres se preocupan cada vez más por su físico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Abrió los ojos que recorrieron con una sonrisa satisfecha  y complacida. la semioculta sordidez de la dining room en que se encontraba, de un pasado decorado victoriano, mientras que una tenue lengua olorosa se arrastraba invisible cerca del techo esparciendo el perfume del adecuado y clásico desayuno inglés junto con una suave melodía de fondo imaginada, con los sones del Carnaval de Venecia  interpretada  por Francisco Tárrega que punteaba entre las vajillas de la mesa con sus dedos; afuera a través de los ventanales del patio, se colaban  blandamente los primeros rayos del sol prometiendo una mañana esplendorosa para pasear indolentemente entre las palomas y las huidizas ardillas de los extensos parques.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Jugueteaba en su mente y en sus ojos la expresión de la  niña que fué en su primer día de feria, vestido nuevo, y zapatos, respondiendo a la llamada de un mundo indescubierto e insospechado que le iba a deparar toda la felicidad que ya ahora en la espera del desayuno,  preveía que el destino se plegaría a renovar nuevamente. Dió con gesto erguido las instrucciones, y cuidada dicción, a la camarera, que atendía su comanda anotando en una libreta  que guardó cuidadosamente en el bolsillo de su delantal, dispuesta a marchar hacia el office, cuando aún le apuntó algunas precisiones acerca del punto en que quería que le sirviesen el desayuno, a lo que la camarera exquisita y servilmente excusándose y tomando buena nota, le atendió con un leve asentimiento de cabeza, y una nueva solicitud de excusas por su parte, por no haber estado todo lo atenta que debiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Satisfecha en su nueva espera, anotaba en su mente todos y cada uno de los detalles de la sala, gozando con cada nuevo descubrimiento bien en la decoración, bien en el detalle de una moldura, bien en la gracia voluptuosa del asa de la próxima taza de porcelana de origen industrial, que para ella ahora era como si fuese  de la dinastía china Ming, que esperaba brillante e impoluta el chorro cálido del café, para después desleír con el suave tintineo de la cucharilla, el azúcar moreno de las Indias Orientales. Observaba con arrobamiento el reflejo en las copas del dorado brillo de sus anillos que uno de los traviesos rayos de sol  arrancaba al llegar al mantel de su mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La espera que ya casi comenzara a ser impertinente, no lograba sacarle de su estado de felicidad completa, quizás por una fortaleza o convicción profunda de que nada ni nadie, le harían enfadar ni alterar en aquél maravilloso día, quizás porque su talante natural siempre había sido así, y ahora no era el momento de cambiar, después de tantos años con una sonrisa siempre dispuesta, con un alma cándida, libre de todo mal, dolor, o sufrimiento, vamos, era una mujer feliz que sabía que era feliz. En un breve descuido de su mente que le traicionaba intentando aflorar a su rostro un gesto de fastidio, volvía a subir el volumen en su mente de los sones tranquilizadores de la guitarra que ahora interpretaba “El Capricho Árabe”, transportándola  a las cálidas tierras del sur de España, admirada en el jardín entre risas de agua por los versos que desgranaba para ella, su amante el Califa de ojos negros y blanquísima dentadura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Sus ojos bailoteaban de alegría contenida cuando a largos pasos amortiguados por la moqueta del suelo, se dirigía hacia su mesa un hombre de complexión más que atlética, fornida, se podría decir que traía las trazas de un deportista venido a menos, o que ya hiciera algún tiempo que ya hubiera dejado de practicar la disciplina deportiva a la que hubiera estado dedicado. Su cara de rasgos orientales, podría decirse que su nacionalidad fuera india, o bangladeshi, o en definitiva de algún lugar de las antiguas colonias holandesas del océano Índico, pero resultado de mezcla entre europeo y nativa, de piel aceitunada, cara redonda, escasa barba, y una cabeza totalmente rasurada y brillante; traía anillos en las dos manos, tal vez con excesiva abundancia, y vestía totalmente de negro, salvo una corbata azul clara sobre la camisa también negra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Inclinándose levemente dejó un beso caricia sobre la oreja de la mujer que se estremeció como un gato que arquea el lomo, al contacto de los labios, después se miraron una vez sentado éste frente a ella, largo rato, ajenos a lo que les rodeaba, sintiendo que ese momento les pertenecía. En los ojos de ambos se adivinaba la complicidad, la alegría, el arrobo, y el extasiamiento de una  pasada noche de pasión aun a pesar de los inconvenientes de un hotel del centro de la ciudad, que cargaba a sus espaldas más de un siglo sin haber sido restaurado mas que en lo mínimamente necesario; vericueto de escaleras y salidas de emergencia por el que toda la noche trasegaban viajeros y viajeros de las cuatro partes del mundo, esclavos de horarios de partida y llegada, incluso a las horas mas intempestivas, que golpeaban puertas, y roces de maletas por las paredes, sonidos de aseos que tragaban todo en un arrastrar de agua, duchas que gorgoriteaban a las tres, a las cuatro o a las cinco de la madrugada. Bien, pues aún así y todo, la noche pasional, había sido completa, para ella una talluda muchachita escapada de la vigilancia y autoridad de sus ancianos padres, sin una nota o carta de consuelo para su vejez, allá lejos en la profundidad de las granjas de la aldea aisladas entre los prados, sin un  lacónico: “me voy”.y para él, un profesor no numerario en un lejano distrito universitario, que había convencido a ésta para este encuentro y posterior huída a las riberas del  Índico, en donde vivirían el resto de sus días comenzando una nueva vida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-6490086563852592557?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/6490086563852592557/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/10/tan-temprana-hora.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/6490086563852592557'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/6490086563852592557'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/10/tan-temprana-hora.html' title='&lt;h1&gt;&quot;A tan&quot;&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;&quot;temprana hora&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-8298362040111999628</id><published>2009-09-05T08:06:00.000-07:00</published><updated>2009-09-05T08:13:22.214-07:00</updated><title type='text'>"Una via de agua"</title><content type='html'>Una vía de agua se tragó en pocos minutos al pesquero. Su radiobaliza, anunciaba poco antes del hundimiento la señal de socorro y la situación, a unas  siete millas y media de la costa  al nordeste de cabo Ortegal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En la rutina de la noche, con ojos abotargados por el sueño y barba de varios días,  el maquinista se balanceaba en el estrecho recinto comprobando manómetros, y cuentarrevoluciones,  el fuerte mar de fondo hacía trabajar  en exceso al motor, para salir de las embestidas de las grandes y anchas olas que pasaban bajo el casco del barco como una inmensa alfombra que quisiera tirar de él para desestabilizarlo. El patrón y otros tres marineros trabajaban en cubierta, a la luz de los focos recogiendo los aparejos del volandero de dieciséis metros de eslora que ya desde las primeras horas de la noche había recogido una mediana captura de merluza en  la oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La práctica fue interrumpida  por el maquinista con un grito que a duras penas se podía oír por encima del ruido del motor, alarmado trepó a cubierta a través de la empinada escalera cuando el agua alcanzaba el nivel del agua zarandeándose por  los tobillos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Echando una vistazo al reducido cuarto de máquinas, el patrón gritó la orden de abandonar el barco, cuando el nivel del agua llegaba por el pecho de un hombre, no se hacían preguntas acerca de cómo se podía haber producido la vía de agua, el motor se aceleraba sólo, y amenazaba con romper las juntas en una carrera desaforada de caballos mecánicos luchando contra la inevitable escora que desplazaba la carga y aparejos de un lado a otro desconcertadamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La escasa tripulación se afanaba, como un sólo hombre en la  oscuridad desgarrada por el único foco que parpadeaba en lo alto del mástil de la antena, en desamarrar el bote salvavidas. En unos preciosos y escasos minutos cuando el merluzero decididamente se hundía de popa haciendo peligrosa e inestable la situación en cubierta, agarrados a las barandillas de la borda, para no caer hacia la negrura que se punteaba de espumas blancas, consiguieron  lanzar el bote al mar agarrándose a  él como a su única tabla de salvación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Entre gritos y sobreponiendo las voces al ruido del mar y a la oscuridad se confirmaron unos a otros de la presencia de todos y de su buen estado. El delgado pero penetrante haz de la linterna que el patrón sacó del equipamiento del bote, les mostró una última instantánea del barco hundiéndose rápidamente succionado hacia el fondo, sin tiempo casi ni para contarlo, había sucedido todo en  un abrir y cerrar de ojos..&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Los minutos que siguieron a la vívida tensión soportada por los hombres, les transportaron a un  acuoso silencio, en el que  repasaban para sus adentros todos y cada uno de ellos lo cerca que habían estado de no volver jamás, despuntando ahora en sus mentes la imagen de sus seres queridos que en tierra, a cobijo del sueño reparador de la noche, ajenos a todo, descansaban. Tal vez el nuevo día les llevara la noticia del desastre, en caso de  que su última situación marcada por la radiobaliza del buque, hubiese sido eficaz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pasaban en un casi continuo subir y bajar verdaderas masas de agua bajo el frágil pero seguro bote. A lo lejos divisaban desde la cresta de las olas otras embarcaciones faenando, ajenas seguramente a su tragedia, y con  el transcurso de las horas, observaban con desasosiego, como la deriva, les llevaba mas y mas cada vez hacia el este, lejos del banco en donde hasta no hacia mucho faenaban cercanos a otros compañeros. No habían tenido ni tiempo de lanzar una llamada de auxilio por la radio. En el bote, el equipamiento mínimo de supervivencia que debería contener, había desaparecido, o quizás nunca hubiese estado equipado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Conforme se acercaba la madrugada, el frío fue penetrando en sus cuerpos cada vez con mayor mordedura, y el salobre del agua en contacto con las ropas embebidas, no hacía sino aumentar la sensación de frío e indefensión, sin nada seco con que abrigarse; entrechocaban los dientes con la tiritona, e intentaban darse golpes y ánimo los unos a los otros, con la esperanza de que en poco tiempo el helicóptero del servicio aéreo de rescate los localizaría, si, querían estar seguros, necesitaban estar seguros de que la radiobaliza del buque funcionaba y que habría enviado un bip de alarma, que habría sido recibido por alguien que no dormía, que estarían de camino ya.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Aquel hundimiento era una mala suerte, el año estaba siendo malo, y cuando al comenzar aquella noche a recoger las primeras volantazas, y comprobar que el banco estaba lleno, se habían alegrado al ir comprobando con una media sonrisa cómo poco a poco  se iba llenando la bodega de una carga que hacía mareas que no conseguían, al fin se habían acabado los meses pasados de penuria en tierra firme, al fin podrían dar solución e ir pagando todas las deudas contraídas con aquellos de sus vecinos que les daban crédito incluso para comprar la necesaria diaria comida. Pero estaba de Dios, que no iban a levantar cabeza aquel año tampoco, la amargura y la tristeza  se dibujaba en sus rostros cansados y ateridos sólo oculta por la tiniebla de la noche. No hablaban desde hacia mucho rato, las extremidades entumecidas por el frío, y un continuo temblor laceraba sus cuerpos, mientras que poco a poco comenzaba en sus pensamientos a aparecer la posibilidad de que no fueran encontrados a causa de la rápida deriva que les llevaba incansablemente hacia el este.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Llegó un amanecer gris a duras penas diferenciado de la noche, una densa y seguramente vastísima bruma, inusual en aquel caluroso mes de agosto, planeaba sobre la extensión negra de las aguas, todo a su alrededor era tupida niebla que apagaba cualquier eco, e incluso convertía en un susurro el revocar de las exiguas olas contra el bote,  que a duras penas se desplazaba ahora indolente  y lentamente sobre un mar en desacostumbrada calma, Con la entrada del día y el hambre mordiéndoles en el estómago, una cuchillada de sol y una breve y aliada brisa del suroeste, diluyó la niebla como azúcar en un vaso de agua; resignados en un sopor que les provocaba los primeros rayos de lo que podría ser su  martirio y tormento sin agua potable, el bocinazo de un arrastrero lejano fue para sus oídos el mejor aviso, mas alegre que si fuera el cohete de inicio de las fiestas en la aldea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Una hora después un radiomensaje daba cuenta que un arrastrero con base en Gijón había rescatado a los náufragos&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-8298362040111999628?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/8298362040111999628/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/09/una-via-de-agua.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/8298362040111999628'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/8298362040111999628'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/09/una-via-de-agua.html' title='&lt;h1&gt;&quot;Una &lt;br/&gt;&lt;br/&gt;via de agua&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-9201630530799732406</id><published>2009-08-09T17:25:00.000-07:00</published><updated>2009-08-09T17:36:57.853-07:00</updated><title type='text'>"La tardese enfrió"</title><content type='html'>La tarde se enfrió, con la llegada de un viento fuerte del noroeste, cuando eso ocurría en los meses más calurosos del verano, era como un soplo de rebeldía; los cuerpos de las gentes, acostumbrados a la tortura del sol y a la luz estallante del amplio valle, recibían como agradecidos un poco de bonanza tras días  seguidos de altas temperaturas, y noches en las que era imposible conciliar el sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Los campos quietos en un mar verde de cultivos, otros amarillos y sazonados, recibían con júbilo las primeras brisas frescas como una revelación que casi acto seguido, comenzaban a volverse huracán, martirizando los tallos y las copas de los árboles que se mecían doblegados por la fuerza del viento, haciéndolos quebradizos después de tantos días de ser acariciados al amanecer por la luz, y socarrados en la canícula del mediodía, y rematados con la sorda caliginosidad de las cuatro y media de la tarde. Sólo al atardecer y ya bien entradas las once de la noche, se sentía respirar libremente a las plantas, siempre y cuando que un observador agudo, paciente y de fino oído se metiera en la espesura de los sotos o entre los campos de cultivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Los aviones roqueros, las golondrinas, las grullas, las cigüeñas, los ánades, los pinzones, toda clase de pájaros, hasta los gorriones y los herrerillos, los buitres que merodeaban altos de vez en cuando, desaparecían como a un destierro previamente a estos vientos, como anunciadores con suficiente antelación, de que el vendaval  estaba próximo a llegar, las gentes más observadoras, hacían gala de esa información, y se preparaban para lo que iba a venir. Las cigüeñas en las altas torres y chimeneas,  montaban guardia como hieráticos centinelas en sus colgados nidos, las grullas buscaban el cobijo de los álamos y demás vegetación en las riberas del río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Las abejas, las moscas, mosquitos, libélulas, mariposas, y toda la volatería  invertebrada, desaparecían  barridas con las primeras brisas, los invertebrados de tierra, se aferraban a las hierbas, o se escondían bajo una débil capa de tierra  protegidos en sus improvisados refugios,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El cielo unas horas antes completamente azul, comenzaba a cubrirse con lejanos nubarrones grises, grises medios, azules cobalto, añiles, blancos empenachados, que se convertían en jirones, en cuanto el viento llegaba hasta las altas capas en donde no podían guarecerse bajo ningún abrigo, como el presagio de una terrible maldición divina; en pocos minutos lo que había sido un día esplendoroso y de cruel quemazón del sol, se convertía en un paisaje de cielos amenazadores y oscuros, que no presagiaban agua, sino viento inclemente, como Lillith que huía hacia el oriente, que no soportaba mas el cerco de los árboles ni el vaho de la tierra ni el de los seres vivos hasta que cambiasen las presiones atmosféricas, en algún lugar muy lejano, sobre el  mar del este.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Este acontecimiento climatológico, provocaba variaciones y desarreglos en el comportamiento de los habitantes del valle, les daba el aire y se volvían como locos, con trastornos difíciles de predecir para el médico mas entrenado, es verdad que a toda la población no le ocurría lo mismo, ni tampoco a todos, pero a veces podía parecer incluso contagioso, sin que mediase ningún virus de por medio, y sin que entre unos y otros afectados existiera relación alguna, no obstante como no se consideraba una enfermedad, por lo pasajero de tal situación que solía durar como cuatro o cinco días a lo sumo, nadie se preocupaba tanto como para consultar con el médico, y aunque pudiera considerarse como una enfermedad, las gentes eran lo suficientemente duras y sacrificadas como para pensar que estaban enfermos, el sólo pensar que hubiesen de recurrir al servicio prestado por un médico, eso no era mas que sinónimo de  melindrosos y blandos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La gente seguía con sus tareas normales, sus quehaceres, pero en el momento más inesperado, bastaba con que un vecino se cruzase con otro en la calle, y le mirase fijamente de arriba abajo sin decir palabra, y ya se había liado el conflicto o la pelea, sin motivo aparente; acudían a la pelotera entre los gritos, las mujeres o los hombres más cercanos, que también se enzarzaban tomando partido por uno u otro, si alguno había, que los acaecía sin que les hubiera dado el aire, y terciaba para apaciguar a sus convecinos, podía salir con la camisa hecha jirones o algún ojo amoratado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pero el viento que habitaba hasta hace unas horas en los desiertos de los mares del  cauro y en páramos desolados ha venido a malversar el sueño de los habitantes del valle para saciar su hambre, y nuevamente desaparecer en remotos páramos del oriente en donde le esperan sus guardianas lechuzas, no sin antes seguir sembrando la discordia para alimentar su estómago. Dicen en voz baja, entre sonrisas no sin cierto temor, que este viento es una mujer, negada por antiguas culturas patriarcales, que de vez en cuando se revela como un estandarte de lo femenino, y por eso  incita a los hombres a la pelea, y al quebrantamiento y a las faltas si fuera menester&lt;br /&gt; Este céfiro es el único capaz de articular el impronunciable y oculto nombre de Dios, y por ello aparece en los días más calurosos del verano como ya se ha dicho. Este vendaval de días trae en su frío una mezcla de sexualidad y erotismo desbordante y atrayente, totalmente a la vez peligroso, como así lo demuestra al rodear a los hombres con sus fuertes ráfagas como una amazona que oprime con sus muslos al caballo, como unan sirena que con sus canciones los empuja al abismo de la perdición. Es un viento femenino libre que no necesita someterse a  nadie.&lt;br /&gt; Es como un demonio hembra, es el espíritu del viento.&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-style:italic;"&gt;"Entre sus raíces, la serpiente "que no conoce reposo"&lt;br /&gt;había situado su nido;&lt;br /&gt;en su copa, el pájaro de la Tempestad,&lt;br /&gt;había colocado su cría;&lt;br /&gt;en el centro Lillake construyó su casa.&lt;br /&gt;(...)&lt;br /&gt;Gilgamesh se quita de su talle su armadura,&lt;br /&gt;Cuyo peso es de cincuenta minas.&lt;br /&gt;(...)&lt;br /&gt;Gilgamesh empuñó su hacha en la mano,&lt;br /&gt;(hacha) que pesaba siete talentos y siete minas,&lt;br /&gt;y entre las raíces del árbol golpeó&lt;br /&gt;a la serpiente "que no conoce reposo";&lt;br /&gt;y en su copa el pájaro de la Tempestad&lt;br /&gt;le robó su pequeñuelo, teniendo que huir&lt;br /&gt;el pájaro a la montaña.&lt;br /&gt;Gilgamesh destruyó la casa de Lillake&lt;br /&gt;Y dispersó sus escombros.&lt;br /&gt;Cortó el árbol por las raíces, golpeó su copa,&lt;br /&gt;Y luego las gentes de la ciudad vinieron a cortarla.&lt;br /&gt;Entregó el tronco a la brillante Inanna&lt;br /&gt;Para hacerse un lecho,&lt;br /&gt;(Gilgamesh) con las raíces fabricó un pukku y con la copa un mikku". &lt;br /&gt;(Versos de la Tablilla XII)&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-9201630530799732406?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/9201630530799732406/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/08/la-tarde-se-enfrio.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/9201630530799732406'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/9201630530799732406'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/08/la-tarde-se-enfrio.html' title='&lt;h1&gt;&quot;La tarde&lt;br /&gt;se enfrió&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-1029327119072033491</id><published>2009-08-02T11:58:00.000-07:00</published><updated>2009-08-02T12:03:39.810-07:00</updated><title type='text'>"La Guarderíaen crisis"</title><content type='html'>Todos los humanos al nacer, son iguales, también al morir, sin embargo la  madre de semejante prole, se ha empeñado desde el alumbramiento de su primer hijo en establecer distingos, preferencias, ojitos derechos, ovejas y garbanzos negros, guapos, feos, listos y altos, feos y bajos, y viceversa, raros, monstruos, neandertales, cromagnones, negros, amarillos, blancos, y toda clase de pájaros de la más diversa especie, que hacen del planeta una inmensa guardería con un cartel de neón color azul en el que se lee: “La Humanidad”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Esta guardería debe de tener, seguramente, grandísimas y ocultas ayudas oficiales a modo de subvenciones o algo parecido puesto que todos sus hijos, cuando nacen vienen sin nada, no aportan nada al común, y durante bastante tiempo, tiene que invertir en ellos, para lo que es necesario lo que diríamos un capitalazo, no obstante, el negocio se autofinancia con  los que se van, dado que estos últimos, no se llevan nada, esa es la principal condición de ingreso en la guardería, aparte de otras muchísimas estipulaciones que se han ido añadiendo con el paso de los tiempos, por lo tanto con las aportaciones de los idos parece ser que se mantiene y tiene pintas de durar otras cuantas eras. Últimamente soplan vientos de desestabilización por sus corredores y dependencias; ante semejante maremagnum que se está montando, la alta dirección de la guardería, ya está llevando a cabo sus advertencias que en principio parecían las de una madre condescendiente y devota, amantísima madre de sus hijos, pero que ahora se ha convertido de la noche a la mañana en una madrastra al mas puro estilo victoriano, conminando a toda la prole, a que deje de dar tanta guerra, y que de continuar así, cerrará el grifo y las tetas nutricias, como de hecho estas últimas, ya las ha recogido, aunque se lo calla, ha dejado a los más desvalidos sin su esperanza y alimento. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Por cierto, que a nadie se le ocurra preguntar a donde se van aquellos que hemos dicho más arriba que se van, los idos, pues ante esta pregunta aunque la inmensa mayoría tiene una respuesta incluso con el nombre y dirección exacta, son otros muchos los que contestan que no van a ningún sitio, con lo que la cosa se pone mucho más fea, ante la perspectiva de darse cuenta de que todo ha sido un engaño, o un sueño, y llena de muy mal humor unas veces, o de resignación otras a todos aquellos que están de acuerdo con esta hipótesis, lo de la resignación lo llevan parece que bien, puesto que en coherencia y consonancia con su idea, y la inevitabilidad de su estancia en la guardería tratan de pasar el sueño lo mejor posible, e incluso no descuidan de que quienes les rodean, aunque sean de otra opinión, lo pasen bien también, pero no hacen ningún proselitismo de su idea. En cuanto a los que te dan el nombre y dirección exacta, son muy graciosos, puesto que o no han actualizado su agenda, o tienen direcciones antiguas, porque si bien todos coinciden  en que se va a un determinado sitio o lugar, hay mas direcciones que puntos en la rosa de los vientos, además de que también hay direcciones hacia arriba y hacia abajo; lo de hacia arriba o hacia abajo, es un defecto muy perjudicial que tienen casi todos los componentes de la guardería, que es el de creerse ellos el centro del universo, verdaderamente no tienen ni idea de donde están,  están bastante perdidos pero no lo quieren reconocer; bueno los que dicen que no se va a ningún sitio, también suelen creerse el centro del universo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Con todo este panorama, no es de extrañar que casi todos anden a la busca de sus raíces, muchos son los que quieren saber de donde vienen y a donde van en medio de la oscuridad y la falta de archivos que hay en la guardería, aunque mas que falta de archivos, lo que les ocurre, es que no saben leer bien, pues la información está diríamos, siempre a la vuelta de la esquina, pero no tienen práctica de lectura, o la han olvidado después de tantas generaciones, los antiguos si que sabían leer, pero los de ahora no, buscan pues quienes son en definitiva. Este buscar les hace dar muchos tropiezos e incluso se topan con muchas desilusiones, pues por lo general cuando buscan, lo que quieren encontrar es una idea preconcebida de lo que son, y generalmente la evidencia de la realidad suele ser no del gusto de sus buscadores, y entonces se montan lo que ellos llaman identidad, para esto plantan una bandera en el sitio más alto que encuentran o en el rincón mas de su agrado y empiezan a llamar a unos o a otros que se identifiquen con esa idea que buscaban, pero los mas avispados se guardan muy mucho de contarles la verdad de la identidad, y con esto van tirando y montan sus fiestas y a veces hasta sus guerras cuando son muchos y ya no caben, bien con intención de ganar mas terreno, o bien con intención solamente de hacer negocio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Volviendo a las tetas nutricias, que de esto de la busca de la verdadera identidad podemos hablar otro rato, decir que no es lo más grave la falta de alimento, sino la desesperanza  que empiezan a sentir muchos de los asistentes a la guardería, puesto que se ven directamente amenazados puesto que desde hace ya varios cientos de años, aunque ahora se ha  agudizado, vienen soportando la falta de ese escaso nutriente que les llegaba y que ahora ya amenaza con el cierre definitivo y el fin de sus tiempos, del fin de éllos, no de otros, de ellos de los feos y bajos, y viceversa, raros, monstruos, neandertales, cromagnones, negros  cuya  madrastra no es mira.. En definitiva, vienen reclamando desde hace mucho tiempo la plusvalía que no se les endosa en sus cuentas particulares del beneficio que provoca la marcha de los idos, estén donde estén, y el beneficio de las grandes fortunas de los ojitos derechos. El caso es que a este corifeo se han sumado los guapos, listos y altos que están en este momento a verlas venir también como quien dice, y se sienten maltratados argumentando el poco mal que han dado a la madrastra, en beneficio de  los ojitos derechos, que ahora convencen a la madrastra de que pintan bastos y de que si queremos que el negocio de la guardería siga adelante, no queda mas remedio que privatizar lo mas posible, y el que se quede a las puertas que se busque la vida, con lo cual son cada vez más los que llaman a la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Los ojitos derechos han establecido un cuerpo universal de policía por todos los corredores y dependencias de la guardería que se afana en disolver concentraciones y altercados de cualquier índole; los policías buenos tratan de convencer a los feos y bajos, y viceversa, raros, monstruos, neandertales, cromagnones y a los guapos, listos y altos de que no hay sitio para todos y de que tiene que irse al exterior, al desierto, o a donde sea, pero que no den más la vara, que si acaso, les han dicho los ojitos derechos que se ajusten el cinturón, que ayunen, y que cuando vaya la cosa un poco mejor ya les llamarán, los policías universales, se anotan el teléfono de contacto, dirección y o correo electrónico de quienes protestan, y los despiden con un vale hasta luego. De los policías malos ni que hablar, pues se aprovechan de la mirada suplicante de los vigilados, y hacen con ellos lo que quieren, puesto que se agarran a un clavo ardiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Tal como va el negocio en la guardería, los ojitos derechos están jugando con el filo de la navaja, y a lo peor se cortan, con lo que la salpicadura va a manchar las paredes, y luego dirán a las tetas nutricias que han sido los hijos díscolos, los ojitos derechos son muy finos y emplean palabras como díscolo y otras mas raras, y seguramente ya tendremos montada otra a base de identidades y pertenencias a grupos que querrán por fin alcanzar el lugar que les ha sido vedado desde la fundación de la guardería, con lo cual este asunto no tiene fácil solución o enmienda. Enmendar es una palabra que no les gusta a los ojitos derechos, puesto que según su tradición ellos lo hacen todo siempre bien, aunque la historia se empeñe en decir lo contrario, la historia no oficial, ojo, puesto que la otra la han escrito ellos a su imagen y necesidad, lo de las identidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Algo se mueve no obstante entre dos aguas, el otro día sin ir mas lejos, en uno de los restaurantes de la guardería, afuera hacía una temperatura de 41 grados centígrados en el interior sonaba el frun-frun del aire acondicionado, comían el menú del día en la misma mesa y animada conversación un grupo de cinco personas, neandertales, cromagnones, negros, amarillos, y blancos. La esperanza queda.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-1029327119072033491?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/1029327119072033491/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/08/la-guarderia-en-crisis.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/1029327119072033491'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/1029327119072033491'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/08/la-guarderia-en-crisis.html' title='&lt;h1&gt;&quot;La Guardería&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;en crisis&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-2642777070414064195</id><published>2009-07-07T04:49:00.000-07:00</published><updated>2009-07-07T04:51:24.035-07:00</updated><title type='text'> "El Viajero"</title><content type='html'>Era un viaje ni mas ni menos, a menudo solía evocar en su imaginación tantos tiempos pretéritos, que aquel conocimiento lejano aplicado a lo largo de toda su andadura, le situaba en disposición de reconocer la esencia del mismo. Al principio, había sido un viaje vital que se preocupaba sin darse  cuenta, quizás por propio espíritu de conservación,  por la naturaleza de las cosas, y por la calidad de sus relaciones y por las comunidades en las que le tocó vivir; ahora en cambio con la llegada de un tiempo renovado, con más experiencia, el camino le había enseñado que  su modo había cambiado, ahora aquellas  relaciones definidas por la división y el miedo  se habían convertido en las  que se caracterizan por el respeto y el amor.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Empezaba a entender que el viaje tenía su meta, su Ítaca, en donde estuviese su corazón; con esta nueva certeza desechó la idea por vanidosa, de pensar que había alcanzado la sabiduría, y se formó una mueca en su rostro curtido de soles y lluvias, pensando en el final físico que le impediría seguramente alcanzarla; por otra parte, había tantas cosas de las que desconocía su verdadero significado, que ahora que las había entrevisto a través de los años y países, se daba cuenta de que estaba ante un nuevo camino, que todas y cada una de ellas se le ofrecían invitándole a recorrerlo&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Tenía aún que tender la mano a todo aquello que mas temía para empezar a ser libre y que el camino resultara provechoso, pues demasiado tiempo había estado guardando en algún lugar muy recóndito y lleno de polvo y telarañas esas prevenciones  y aquellos miedos lejanos, pero ahora empezaba a soplar un viento prometedor que iba barriendo los zaguanes de las casas, limpiando las fachadas, colándose por rendijas y ventanas y puertas mal cerradas afortunadamente, a través de las que entraba vivificante, llevándose el olor a muebles y telas estáticas del miedo durante años, arrastrando los suspiros y quejidos de cientos de etapas allí encerrados, almacenados sin utilidad, que sólo esperan, y ese era su fin, que se les tienda una mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Caminos había recorrido, sencillos  unos, tortuosos y complejos otros, había reseguido complicadas redes, bajando por espacios hiperbólicos, adentrándose en oscuros y casi eternos cilindros de superficies compactas, jugando con la cortante sombra de las superficies cónicas al filo de la luz como un cuchillo, se había aventurado por las complicadas ecuaciones vivas que amenazaban con engullirle en una teoría sin soluciones, llena de incógnitas, se había enredado en las cuerdas del universo, y se había zambullido entre todos los fractales de un mar de burbujas de jabón sin aprender del todo de ellas, sin llegar a tocar el corazón de la misma complejidad, por miedo unas veces,  por ignorancia otras, y otras por pereza de no adentrarse. Tocar ese corazón, envolverse en lo complejo de lo que formaba parte el mismo, vivir envuelto en la razón misma, formar parte de élla del misterio de la diversidad y aprenderla, asumirla como parte de si mismo, era otra etapa del viaje, otra inacabada tarea sin cuya consecución no podría seguir allá a donde estuviera la meta, si es que existía, aunque ya se había acostumbrado a pensar que estaba en su interior, sin creérselo demasiado para no ser deslumbrado por ella y quedar ciego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Creía haber  imaginado más allá de lo visible contemplando el vacío y la nada de la estela del vuelo de una golondrina, pero era incapaz de ver posado en la hierba del campo, perfectamente mimetizado al humilde saltamontes. Lo visible y lo evidente era parte del espíritu de conservación que aún llevaba en su ligero equipaje. Debía pues adentrarse de nuevo en su interior para situarse mas allá de la carencia de todo y desde ahí imaginar lo no hecho, lo no pensado, lo imposible de existir, algo que le diera la medida de su conocimiento, algo que de entrada le ayudase a replantearse en un principio cuál era el camino de lo no visible para recorrerlo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Había sido doloroso, verdaderamente doloroso el encuentro con algunas situaciones que a menudo le habían herido, y otras al menos le habían hecho sufrir, habitualmente con la experiencia de unas y otras, había aprendido a soslayarlas, y ya no arriesgaba más, perdiendo por lo tanto la oportunidad de encontrar ese otro camino a la izquierda o a la derecha que tras el sufrimiento, siempre se abría.&lt;br /&gt;Era vulnerable como todos los humanos y aquí no quería arriesgar, aunque sabía que había de hacerlo paso a paso, arriesgar siempre, comprometerse siempre con lo semejante, y con lo desemejante, sentir, doler, sufrir, llorar, reír, ayunar, sudar, sangrar, comer, ayudar, trabajar, amar. Ser vulnerable, arriesgar a cada paso, no rehuir nunca nada, no esconderse nunca, dar la cara siempre, eso era lo doloroso a veces del viaje, y una de las enseñanzas mas valiosas que aún debería de terminar de alcanzar a conocer con maestría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; A estas alturas empezaba a ser más que evidente el gran espacio que le quedaba por recorrer, la gran superficie inédita que se extendía ante él como un inmenso papel en blanco, en la que debería arriesgar su vulnerabilidad, a través de la que debería imaginar más allá de lo visible, y en la que debería de afrontar nuevas complejidades y nuevas técnicas que habría de poner en práctica. Aquello empezaba a parecerse a un extenso desierto de arenas saladas cegadoramente blancas, cuyos granos reflejaban la luz del sol, depositando en las hoquedades de las dunas minúsculas difracciones de luz, que corrían enseguida hacía el rojo como alejándose de su vista, como iniciando una carrera a la que estaba invitado ya con premura a participar. Era la vida, o como decían antes. ¡C´est la vie!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pensó que como en los modernos juegos, había acumulado en su zurrón hierbas curativas, monedas resplandecientes, armas destellantes, conjuros mágicos, antiquísimos tratados de sabiduría, llaves que abrían puertas invisibles, finas capas protectoras, armaduras contra los monstruos de los infiernos, que podían servir para que te asaras con el fuego eterno o te congelases en los hielos perpetuos de cualquier antártica tierra, redomas de elixires del amor, o de la eterna juventud, cajas llenas de saber estar, bolsas conteniendo respeto, cajas de música, guantes de amianto, sacos de ternura, fardos de amor, manos que repartían caricias, bocas que daban besos, contenedores llenos de abrazos, camafeos conteniendo palabras de aliento, etc., etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Tenía que seguir, tenía que seguir pero algo había aprendido, y era que con todo lo del zurrón y todo lo visto a lo largo y ancho de su viaje, podía ser muy ingenioso, sumamente ingenioso para aplicar lo aprendido, de ahí le había nacido una aptitud nueva, la flexibilidad. Con esa nueva herramienta sabiamente utilizada sería capaz de averiguar donde estaba el término medio, podía descubrir que la razón no siempre estaba sólo de un lado, y que había múltiples razones que considerar, -Salomón debió de tener esa herramienta -, con ella podría seguir siendo vulnerable paso a paso demostrando su calidad y condición de humano, pero sin sangrar demasiado, gracias a otras hierbas hemostáticas que en su zurrón llevaba y le había dado la experiencia del  viaje, podía tender la mano a un carbón encendido gracias al guante  de amianto, tenía medicinas curativas, abrazos, besos, y palabras de aliento de sobra que podía repartir y compartir, y seguiría siendo humano, vulnerable, y reír, y llorar con los semejantes y hasta con los desemejantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Las voces que se alzaban a los lados del camino le decían ven, quédate, pero siguió adelante decidido, quienes le querían bien, sus familiares, sus amigos, las gentes de sonrisa franca, le dijeron: Camina con cuidado, te queremos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Otros le decían y él lo sabía que era parte de algo mayor que él, de algo desconocido aún pero que se entreveía a través de las lejanas nubes sobre la atardecida del horizonte, parte de algo que incluso podía no ser visible, y que debería aprender a imaginar. Cuando marchaba siguiendo su viaje, la música inundaba todos sus poros como un elixir que le hacía vibrar transmitiendo felicidad y nostalgia, era el mejor lenguaje, el idioma con el que podía entenderse con todos los pueblos por lejanos y lejanos que pudieran ser, casualmente los más alejados eran los que mejor le entendían cuando con su música transmitía los antiguos sonidos ya en desuso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Finalmente debería impedir que Ítaca le cegase impidiéndole aprender a lo largo del camino, a lo largo del propósito a que se había llamado, su mejor guía habría de ser de ahí en adelante el sonido de su voz hacia el hogar, debería seguir caminado, sus antepasados le esperarían siempre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-2642777070414064195?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/2642777070414064195/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/07/el-viajero.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/2642777070414064195'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/2642777070414064195'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/07/el-viajero.html' title='&lt;h1&gt; &quot;El Viajero&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-2837813621404033259</id><published>2009-05-24T13:39:00.000-07:00</published><updated>2009-05-24T13:44:51.722-07:00</updated><title type='text'>"El Júcar"</title><content type='html'>El suave rumor del río lamiendo las orillas, dibujando leves rizos alrededor de las sutiles, casi etéreas ramas de los sauces que bajan sus cuellos de cisne para beber la fresca corriente, se detiene con las brozas ligeras que entre los juncos y los carrizos forman nidos para los patos y otras aves de ribera acunando huecos de silencio y reposo en medio del agua. Aguas arriba el puente de piedra sillar contra cuyos tajamares se parte el pecho el agua clara, rompe risas en la corriente y forma remolinos con burbujas blancas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Va cayendo la tarde, la hierba larga del soto entre los álamos, se mece al peine de una suave brisa que trae el olor del secano y del monte cercano lleno de polvo y campos que anuncian la cosecha  del aún lejano verano. En el intervalo entre la vega  umbrosa y fresca del río, y el  espejeo del Sol sobre las eras y las extensiones de cereal, se extienden como una frontera los farallones y cortados de  dura caliza, en los que el río en su incansable correr de eras y eras ha esculpido una profunda hoz, dulcificándola en sus pies con sus regalos de arcilla que sujeta la vida y las dehesas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; De vez en cuando llega a ras de orilla un suave aroma como de hierbaluisa y menta que se mezcla con las recién llegadas noticias que el río trae de la no lejana sierra contando su aventura de despeñaderos, frescura umbrosa de bosque y breves remansos de descanso por donde espejea el agua adivinando a su través los huidizos lomos de las truchas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Sisea el vuelo de los ánades que se posan aguas abajo sobre la superficie perfecta del agua, arrancando una fulgurante estela que de nuevo deviene en un momento de calma y paz sobre el rincón entre los juncos. Por encima de los altos álamos se entrevé el rojizo de las arcillas y los conglomerados grises de la hoz que crea frontera entre este oasis y la alta estepa, por la que corre a sus anchas el viento del sur que desde hace un rato mece los árboles lejanos que se asoman como buscando el agua en un equilibrio desesperado para no precipitarse al vacío, gracias a la fortaleza de sus raíces. Se aferran a un mar de piedras entre las que viven las más humildes y espartanas hierbas que dan casa y comida a los saltamontes y a los pajarillos que viven sobre la hoz del río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Cuando la tarde ha caído ya y se ha ido apagando la algarabía de los pájaros, incluso se ha callado el viento, y sobre el agua mansa y taciturna ahora, se refleja como en un espejo perfecto la cara de la Luna, cuando ya ha bajado a calmar su sed el zorro, y las aves nocturnas se han subido de cacería a la estepa abierta, un murmullo comienza a abrirse paso en los oídos, es como un leve arrastrar de guijarros apenas perceptible, indefinido, sin situación, que a menudo desaparece amortiguado entre la floresta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El ojo atento busca entre la masa boscosa y sus claros una razón que explique la causa sin encontrar donde reposar la mirada exaltada. A veces, más claramente conforme ha ido pasando el tiempo, parecen adivinarse  risas cantarinas cortas que trae la noche ¿O serán ecos lejanos de la ciudad al otro lado del monte que la bóveda oscura del cielo reverbera en un eco imposible hasta el río?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pasa el tiempo fugaz, y más perceptiblemente ahora se escuchan palabras ocultas e inconexas, nuevas risas y murmullos festivos y agudos, como una marea suave que va subiendo poco a poco, cada vez más cercana, mas inminente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Sin previo aviso, por la ladera boscosa, entre los claroscuros, fosforece como una blanca procesión, apareciendo unas veces, desapareciendo otras, jugueteando entre los árboles, columpiándose entre las ramas bajas, con una alegría inocente y contenida a duras penas, perdiéndose de nuevo, y adivinando  su deambular por las risas ahora perfectamente audibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; A dos tiros de piedra, aparece en la ribera sobre la blanda hierba tapizada de gotas como pequeños diamantes, la  alegre y blanca procesión de las vírgenes esclavas que oran y trabajan en la mas estricta clausura del  alto convento entre las piedras oculto, aherrojado de siglos, de sillares y de celdas frías en las que languidecen durante el invierno sin ninguna pertenencia. Son las esclavas de un Dios al que consagran su vida, sin más conocimiento del mundo exterior más que lo que aprecian en esta noche equinoccial de la nacida primavera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Como Venus, renacen del agua, metidas en la blanda corriente en esta oscuridad que será la única hasta la próxima primera noche cuando vuelva a nacer la primavera. Tejen diademas de nardos y de lirios que ciñen sus cabezas. Despojadas de los blancos tocados, de los blancos hábitos, acarician el agua y a unas palmadas de advertencia regresan a la orilla, siguiendo a continuación un rito oculto sólo conocido por las iniciadas, éstas advierten a las novicias, y al unísono en medio del silencio nocturno, desnudas tiritando de frío, entonan una letanía arrodilladas con fervor y recogimiento extremo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Tras un incontable silencio durante el que meditan con los brazos en cruz, se flagelan con manojos de juncos arrancados en la orilla, sin previo aviso la primera a continuación todas, sin concierto antepuesto y en silencio, sin que de sus labios salga ni una sola queja, y sólo cuando estiman en su fuero interno haber alcanzado una paz profunda reconfortante y duradera, cuando han expiado sus faltas, cuando se encuentran en paz con su Señor, y  para que en la misma procesión esta vez en recogido silencio sin extraviarse ninguna, una vez acabada la ceremonia, comenzar a subir las escarpadas sendas que les devuelven al monasterio, dejando la noche vacía y huérfana de misterio.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-2837813621404033259?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/2837813621404033259/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/05/el-jucar.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/2837813621404033259'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/2837813621404033259'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/05/el-jucar.html' title='&lt;h1&gt;&quot;El Júcar&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-5037587669005062008</id><published>2009-04-26T12:24:00.001-07:00</published><updated>2009-04-26T12:28:54.678-07:00</updated><title type='text'>"El mal paso"</title><content type='html'>Era algo tarde, bordeaba los contrafuertes de los picos de Pallas entre el caos de la morrena frontal del desaparecido glaciar, la nieve de primavera rellenaba hondonadas entre las rocas, y ocultaba posibles pozos en los que resultaba muy fácil en caso de pisar imprudentemente romperse una pierna, o cuando menos llevarse un buen susto. El perro zigzagueaba por delante, aquí y allá entre las rocas, desapareciendo unas veces y apareciendo otras, volviéndose a mirar de vez en cuando a su amo que se retrasaba extraviado. Al llegar hacia el fondo del alto valle colmado por los arrastres de tierras descompuestas de la caliza de las altas cumbres, conseguían restallar algunas humildes flores su color temprano apuntando entre las rocas y las últimas nieves que ya se derretían para hacer desbordar aguas abajo los ibones quietos oscuros y callados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Asomaban alarmadas las marmotas por entre montículos de hierba quemada por los hielos, sus caras delgadas del invierno recientemente pasado en absoluto ayuno, observaban a los intrusos con cierto temor e inquietud lanzándose gritos de aviso de unas a otras parecidos a risas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El cansancio y el sudor que le empapaban la espalda, las risas nerviosas de las marmotas que se escondían ante la llegada del perro o de la suya propia, empezaban a molestarle ya con sus chillidos, parecía como si se desternillaran de su camino errabundo y totalmente extraviado desde ya hacía horas. No conseguía hallar la vía de regreso hacia el valle y las últimas luces de la tarde, empezaban a declinar hacia el oeste, el camino entre el caos, acababa abruptamente en un precipicio por el que se despeñaban hacia un fondo oscuro a esa hora de la atardecida las aguas desbordadas de los ibones de Pallas, llegaban hasta él los broncos sonidos del agua estallando entre las rocas del fondo y una suerte de mareo tiraba de sus sienes hacia el abismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Descansó un rato dudando entre la indecisión de si vivaquear, o de si seguir a tientas aunque fuese, hasta la seguridad y la cena del refugio. Pasó un largo rato con el perro jadeante a su lado, el frío que sintió de pronto le recorrió todo el cuerpo en un escalofrío, y el hambre acuchillaba su estómago, con lo que ante la perspectiva de pasar un noche fría y sin un mal alimento que llevarse a la boca, y por el otro la posibilidad aunque peligrosa, de bajar hasta el valle y tras unas horas llegar al refugio, inclinaron la balanza de su indecisión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Sintiéndose como reconfortado con la certeza de lo que iba a hacer, se levantó dolorosamente, las piernas frías ahora le pesaban como el plomo, y los pies magullados después de caminar casi desde el amanecer parecían no coordinarse con la intención de marchar que les enviaba el cerebro, le miraba el perro como inquiriendo con su mirada que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Vamos, vamos, a casa-, y el perro  se movió inquieto  dando saltos de alegría como si tratase de animar a su amo, volvieron sobre sus pasos  otra vez al caos, y los tropiezos  casi constantes que amenazaban con acabar con algún hueso roto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Las sombras alcanzaban ya casi los altos dientes de los picos, coloreando las últimas luces el gris de las cumbres, dorando un poco más abajo las paredes donde anidan los quebrantahuesos, y oscureciendo paulatinamente las mismas hacia un pardo oscuro que se confundía con las rocas por las que deambulaba, sólo evidentes por el claror de las manchas de nieve cuyo rastro reflejo, ayudaba a discernir entre sombras cada vez más espesas la ruta segura para alcanzar el borde de salida de aquella cubeta en U.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ya no se veía con certeza más allá de diez o doce pasos de distancia, pero el haber salido del caos le dió energías renovadas y una esperanza incierta de que aquella noche llegaría al refugio, bajaba a trompicones, resbalando y bajo sus pies salían rodando multitud de piedras que resbalaban pendiente abajo rodando y rebotando hasta el fondo, intentaba agudizando la vista no dar un mal paso, tanteando con el bastón previamente los puntos seguros donde apoyarse sin riesgo de caída, el perro ya casi debía estar en el pie de aquella bajada, hacía rato que no lo entreveía parado, esperándole de vez en cuando a lo largo del declive, cuando acabó la pedriza y las gravas sueltas, encontró o creyó encontrar una senda que descendía desde su izquierda, por encima de su cabeza, que le ayudó definitivamente a bajar; menudeaban las hierbas y los arizones, y algún enebro arrastrándose entre la aridez de los bordes del sendero, al abrigo de rocas mas o menos grandes comunicaban algo de proximidad de ser vivo en la penumbra del paisaje escaso que acertaba a ver, oía el fragor del río como un clamor muy abajo, mucho mas debajo del lugar en que se encontraba que poco a poco se fue convirtiendo en cercano y amenazador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Acabó la cuesta casi de pronto con sorpresa pues al tantear con el bastón comprobó que el siguiente paso estaba mucho más cercano que los anteriores, y el siguiente más y más hasta encontrarse en el plano. Apuntó la Luna por encima de las altas cumbres con lo que pudo descubrir el amplio prado sobre el que se encontraba, frente a él saltaba y brincaba a unos cincuenta pasos el río, en la otra orilla reinaba la oscuridad, a su espalda las altas laderas que acababa de bajar, y hacia su derecha comenzaba un espeso bosque  de pinos y hayas, entre los que se adivinaba al final de herbazal  y principio del bosque, la claridad de un espacio libre de vegetación que indicaba el camino de entrada y desplazamiento a través de  los árboles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No sin cierta aprensión descubrió al reconocer el entorno que se encontraba a unas dos buenas horas de alcanzar el camino viejo de los contrabandistas, frente a él se extendía el bosque de hayas, al final del cual por el Paso del Oso, alcanzaría de nuevo el río que buen trecho después siguiendo en su compañía, le habría de llevar hasta el camino  viejo, y de allí, al tan anhelado refugio del pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Silbó dos veces y al poco se le incorporó el perro alegre de verle, apoyándole las patas sobre el pecho, lo convenció con caricias palabras cariñosas y juegos demostrándole también su alegría por el encuentro, y comenzaron a caminar hacia el bosque, el perro por delante al que dejó de ver en cuanto se internó en la oscuridad de los árboles, siguió su jadeo adivinando que caminaba como unos cinco pasos o diez por delante, al principio el camino era bastante evidente, por lo trillado del mismo, la luz de la Luna se filtraba apreciablemente por entre las ramas de los árboles, -en su mayoría hayas- que aún desnudas de hojas, permitían el paso de la luz del menguante de la señora de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Serpenteaba y discurría con alegría hacia abajo la pista obligándole a que sus pasos se fueran convirtiendo en zancadas, por lo que de vez en cuando si no era capaz de frenar un poco el ritmo, tropezaba con raíces que mas de una vez estuvieron a punto de dar con sus huesos en el suelo. Llamaba al perro a menudo para que no se alejara, y normalmente volvía sobre sus pasos atento a la llamada, se iban espesando las sombras, y a las hayas se les incorporaban áreas en las que dominaban los abetos y otras especies de hoja perenne haciendo mas difícil la entrada de la luz nocturna, se alejó el perro, y ya no se le oía, caminaba con mas cuidado escuchando el ruido amortiguado de sus pasos, y en medio de las zonas mas oscuras, volvía hacia atrás de vez en cuando la mirada sin ver nada mas que las siluetas oscuras de los troncos o las masas de hojas difuminadas sobre un fondo negro, pero nada mas, comenzaba a sentir temor de lo desconocido, era una tontería volverse, no había nadie, nadie a quien preguntar, nadie a quien ver si hubiera habido la iluminación suficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Volvía a llamar al perro de vez en cuando, pero éste no acudía a su llamada, al menos su cercanía y su buen olfato le podrían hacer compañía, e incluso servirle de lazarillo en medio de aquella situación; el muy perro, y nunca mejor dicho, había encontrado el rastro del buen camino, y seguro que ya le llevaría buena ventaja y estaría esperándole tal vez ya casi en el camino viejo, o habría ido hasta el río a beber, o se habría despistado con algún ratón, o quien sabe si estaba mas lejos en pos de algún animal nocturno al que perseguir con ánimo de alcanzarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En estos pensamientos estaba, y  a buen paso otra vez rodeado de nuevo por hayas que dejaban pasar una plateada luz, arrancando brillos de cobre de entre los troncos y las despejadas ramas cuando escuchó lejanos unos ladridos muy hondos, de allá abajo, tal vez de donde se estrecha el bosque junto al cañón del río, en el Paso del Oso, volvió a oírlos al cabo de un rato, después su propia voz se perdió entre el bosque llamando a su perro, seguía adelante atento al regreso del animal, pero nada sucedió notable durante un rato nada mas que, se había ido añadiendo al silencio el clamor apagado del río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Creyó discernir entre los ruidos, como un arrastrar o crujir de hojarascas secas, más arriba hacia su derecha, la brisa nocturna que subía del valle no le traía mas que el olor de los prados y de los bojes frescos de las umbrías, lo que fuera se había escuchado como si viniera de delante y mas arriba, retrasó el paso aguzando el oído, y esta vez inconfundiblemente volvía a sentir que algo se desplazaba entre la maleza aplastando las hojas secas y desgarrando zarzas y espinos, su dirección se adivinaba que iba a confluir con el camino que seguía en algún punto de encuentro mas adelante, seguía en silencio pausadamente, adivinando los ruidos, el desbroce de la espesura, las piedrecillas que rodaban cuesta abajo, rebotando sobre las hojas secas con el mismo sonido que hubieran producido las gotas de una tormenta repentina, cuando escuchó un oscuro y corto rugido que le paralizó en medio de la senda, que le impedía seguir adelante, que le aceleró las palpitaciones del corazón que le puso en la boca un raro gusto amargo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Un bulto, casi una sombra atravesó el camino mas adelante y se perdió en la oscuridad. Habría pasado tal vez una hora apoyado en un árbol, cuando apareció el perro en cuya compañía llegó al camino viejo y al pueblo mas tarde cuyas luces, calles solitarias y puertas cerradas le parecieron en el silencio de la madrugada, una entrada triunfal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-5037587669005062008?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/5037587669005062008/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/04/el-mal-paso.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/5037587669005062008'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/5037587669005062008'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/04/el-mal-paso.html' title='&lt;h1&gt;&quot;El mal paso&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-8156139840477150539</id><published>2009-04-02T07:12:00.000-07:00</published><updated>2009-04-02T07:14:38.478-07:00</updated><title type='text'>"El Vigilante"</title><content type='html'>La noche era oscura, la Luna estaba en fase creciente aunque tardaría en salir lo que garantizaba unas cuantas horas de observación del cielo profundo, por otra parte  la neblina del atardecer que bajaba del norte se había enseñoreado del horizonte difuminando el valle y creando una atmósfera melancólica. La puesta del Sol  entre altas nubes había hecho el resto alumbrando con un resplandor mortecino y sangriento las capas altas de la atmósfera hasta bien entrada la noche de aquel verano inestable. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Horas mas tarde había un cielo de fondo contaminado por las luminarias lejanas de los pueblos de alrededor, que se entremezclaba difuminándose en la neblina persistente de la postrera tarde, haciendo imposible la prospección  del profundo espacio negro hasta mucho mas arriba del horizonte visible, e impidiendo la observación de las constelaciones más cercanas al  mismo. Sólo muy arriba destellaba débilmente la Polar, incansable guía y anteportal de entrada al firmamento en las noches complicadas en  las que la aventura de redescubrir aquellas lejanas estrellas que ya nombraron caldeos y árabes, se convertía en un ejercicio de paciencia y amor constante. Sólo la Polar  junto con Kochab  y Pherkad guiaban a cualquier vigilante de las constelaciones del norte, para reencontrar a continuación a Dubhe, la estrella ά de la Osa Mayor, y más allá hacia el oeste a Capella brillantísima en la constelación del Auriga, pero aquella noche no, aquella noche estaba resultando complicado encontrar a distinguidas amigas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; A duras penas e incongruentemente, por lo de la contaminación atmosférica, se adivinaba sobre el horizonte hacia el nordeste a Cebalrai, o al menos allí debería estar, pero tampoco tendría por qué verse, era extraño, extraño incluso su brillo y su ligerísimo temblor que parecía el reverbero provocado por el correr de una levísima brisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El Vigilante siguió ajustando el telescopio alineándolo ahora con Vega, y buscando en una tercera alineación después a Urano recién salido en el horizonte, por encima de la alta y persistente neblina. Buscaba Schedar en Casiopea, o necesitaba encontrar también la brillante Alderamin en Cefeo, pero a ninguna encontraba. La noche se calló de pronto, o al menos eso le pareció, el canto de los grillos había desaparecido, estaba seguro de que unos minutos atrás en el tiempo, se escuchaban alegremente en medio de la oscuridad que le circundaba. Sólo se oía el tenue rumor de las hojas de los árboles cercanos movidas por la brisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Se giró para constatar que sus amigos seguían allí, al borde del inicio de la parte alta del prado en donde habían montado aquella tarde la tienda de campaña; se recortaban sus siluetas sentadas sobre la hierba al lado de la puerta, proyectando alargadas sombras sobre el oscuro de la foresta y hablando en voz baja, alumbrados por el cariño de un farol de gas alrededor del que revoloteaba una nube de mosquitos y efímeras; él  se había retirado unos cincuenta metros a fin de que la fría luz del fanal no le molestara demasiado en su observación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Al volver la vista hacia el objetivo, con el rabillo del ojo creyó advertir un destello, un parpadeo del nordeste; repasaba con ojos expertos aquella zona del cielo, sin encontrar nada de relevancia, sólo aparecía con impertinencia casi insultante aquella estrella que debían ser Cebalrai o Rasalhague en Ofiuco, pero era imposible que no pudiera distinguir las otras estrellas de esta constelación, y si sus estrellas ά y β. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Brilló un destello de nuevo sorprendiéndole, y casi aulló para advertir a sus amigos, que no llegaron a percibir su asombro a cincuenta metros en la oscuridad. Dirigió el telescopio hacia aquella región del cielo nocturno, y ajustó la lente en silencio zumbándole la sangre calladamente en los oídos, tras unos minutos de espera acabó su paciencia sin percibir dentro del campo del visor nada mas que el destello normal de frió sidéreo y lejano que le llegaba a través de distancias de años luz; permaneció largos minutos mirando directamente, y observando de vez en cuando a través del objetivo sin apreciar nada anormal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Se encaminó cansado hacia la tertulia de sus amigos dejando atrás el punto de observación, la hierba alta del prado ya había empezado a cosechar gotas tempranas de rocío, a su paso, grillos cantarines saltaban asustados, y las arañas de los prados de largas patas corrían entre la fresca oscuridad, huyendo de la amenaza de sus pisadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Durante largo rato permanecieron sentados conversando, y cuando la noche comenzaba a avisar de que la temperatura había experimentado un cambio a la baja, anunció la Luna con femenino resplandor su presencia, su salida que se hacía evidente poco a poco, sobre las montañas del este; en aquella altura sus primeros rayos rasantes sobre el prado, iluminaron un sendero de destellos de gotas semejantes a una alfombra sobre la que se propusiera caminar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Era hora de comenzar a recoger, y prepararse para dormir, el telescopio estaba con una leve película de humedad cuando la estrella de Ofiuco se cayó repentinamente a una velocidad inusitada, de la misma manera inusual sin previa deceleración con que  paró, esta vez el grito si fue escuchado y atendido con rapidez por sus dos amigos que corrieron hacia él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Tras unos minutos que pudieron ser eternos, la supuesta estrella comenzó a vagar errabunda en la oscuridad, arriba, a la derecha, arriba, a la izquierda, abajo, abajo otra vez, arriba a la izquierda… paró, largo tiempo quieta, los ojos del vigilante y los de sus amigos continuaban fijos en el fenómeno. El ruido lejano de un avión altísimo les esperanzó, algo iba a pasar, pero pasó el ruido alto y solitario y unos instantes después se perdió en la distancia y la estrella no se movió. Decididos a meterse en la tienda a pasar la noche, ya casi desentendidos del acontecimiento cuando de la estrella comenzaron a desprenderse minúsculas luciérnagas mientras que otras como salidas de la nada, se incorporaban a élla; sorprendidos nuevamente por esta actividad, al acabar el espectáculo se elevó muy rápidamente y desapareció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No tenía conciencia de que hora debía ser cuando despertó incómodo, la tienda recibía en su interior demasiada iluminación de la Luna, un resplandor de luz que teñía el interior del  azul exterior de la lona que les protegía frente al mundo y sus asechanzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luz, la luz, -decían en un susurro temeroso sus amigos- se notaba un calor inusual siendo noche muy avanzada. No os preocupéis, es la Luna, dormid. Pero el resplandor continuaba, no se escuchaba a los alegres grillos en el exterior, y ni la brisa que había paseado toda la noche entre las ramas haciéndolas sonar se atrevía ahora a despertar, tampoco el canto del búho se dejaba oír en lo profundo del bosque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La luz, la luz. Nadie dormía ni tampoco hablaban, permanecían acostados sin saber que hacer ni que decir, cerrando los ojos para no ver, para no querer saber, sin casi no saber que preguntarse, con un temor a no se sabía qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La luz, la luz, la luz. ¡Callad con la luz!. Se levantó decididamente, haciendo sonar como dentro de una caja de cartón el cierre de cremallera de la tienda que descorrió con violencia hacia abajo, asomándose tímidamente al exterior con la cabeza baja, llegó a ver la Luna muy alta a su derecha, y al lado del doble techo de la tienda, el hacha que brillaba como si fuera de plata bruñida; el prado estaba iluminado por una potentísima luz que llegaba de su espalda, pero lo iluminaba todo sin sombras concediendo a los árboles cercanos un resplandor que los bañaba de tal manera que hacía evidentes hasta sus arrugas mas ocultas e incluso las miríadas de trébol y de hierbas del prado quedaban iluminadas todas y una a una a la vez. Un silencio total le atenazó el ánimo y no se atrevió mas que  a cerrar la tienda. Es la Luna, dormid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Se despertaron con el día avanzado el Sol ya estaba alto, se miraron sin decir nada largo rato, con un gusto raro en la boca y una sensación en las sienes como de resaca, nadie hizo ningún comentario, nadie supo cuando se había dormido, solo les quedaba la  vaga y oculta sensación de haber estado quien sabe donde sin saber cuanto tiempo, y la hoja del hacha como un imán&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-8156139840477150539?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/8156139840477150539/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/04/el-vigilante.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/8156139840477150539'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/8156139840477150539'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/04/el-vigilante.html' title='&lt;h1&gt;&quot;El Vigilante&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-5893811365186102910</id><published>2009-03-06T12:17:00.000-08:00</published><updated>2009-03-06T12:21:45.968-08:00</updated><title type='text'> "En la esquina"</title><content type='html'>En la esquina de la plaza, abría sus puertas a dos calles, un bar de barrio venido a menos, pero que trataba de mantener un antiguo estado y posición, aun a pesar de la decadencia del distrito de la que no tomaban ninguna parte sus vecinos, ese estado lo había seguramente conseguido en otros tiempos no muy lejanos de su inauguración, en los que la clientela del mismo, eran lo mas florido de los abogados que asentaban  en las inmediaciones sus bufetes y clientes de cierto rango social y económico, además de otros muchos ciudadanos de toda índole general que concurrían en las proximidades, debido a que a una manzana de allí, se asentaba el edificio de los Juzgados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conservaba la decoración de aquellos otros tiempos aludidos más brillantes, al igual que el servicio y menaje general del mismo, aunque sólo deslucida por algunas fisuras que comenzaban a ser evidentes, además de desajustes en las carpinterías. Se podía convenir también en que a pesar de la limpieza que por lo general era bastante aceptable, le estaba haciendo falta una mano de pintura y redecoro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los jubilados y algún cliente esporádico, solían llenarlo por las mañanas a partir de las diez hasta el mediodía aproximadamente, antes de esa hora se agrupaban mujeres, por lo general amas de casa que tomaban en animada tertulia su café con leche, acompañado de alguno de los productos de pastelería que se vendían en el bar, traídos de un obrador cercano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba regentado por dos hermanas, una de ellas, la más jóven era mas alta que la mayor, la primera era una mujer madura con una belleza evidente que el paso de los años había ido limando, además a esto había que añadir la carcoma de la tristeza de un lánguido aire como de desamor que hubiera podido sufrir, que se reflejaba en la mirada de unos ojos grises como la niebla sobre el mar en una mañana; la segunda era una mujer más baja de estatura, de una delgadez extrema, y que comparada con su hermana, no parecía que pudieran ser hijas de la misma madre, era mucho menos agraciada, ocultaba sus ojos detrás de unas lentes de miope, y lo que le podía faltar en belleza, lo suplía con trabajo y  simpatía hacia sus clientes; no diremos que su presencia pudiera ser repulsiva, pero al cruzarse con élla en la calle, nadie se volvería, o advertiría que pasaba por su lado, de alguna manera parecía ser la sombra de su hermana, puesto que se dedicaba a labores más fatigosas que la otra hermana no hacía a causa de una debilidad o variedad de osteoporosis en su esqueleto, se podría decir de la hermana mayor, que era una especie de cenicienta, además de hacer el papel de una madre en la sombra, puesto que por la unión que se apreciaba entre ambas, ya debía haber muerto. Esta había venido a ocupar el vacío de la madre, volcándose sobre la hermana menor, de tal manera, que había sacrificado su vida incluso la sentimental, habiendo permanecido soltera, y ahora que ya habían pasado varios otoños, ahora que sobre su pelo ya se adivinaban las primeras nieves, se empezaba a encontraba sola  y sin fuerzas para sacar más ánimo que insuflar a su hermana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había sido la tía y hecho el papel de abuela también, para los hijos de su hermana, que hoy ya jóvenes adultos se habían olvidado de ambas, de la madre, y de la tía, lo que venía a aumentar la sensación en sus vidas, -al menos en la de la hermana mayor-, inesperada sensación de que aquello era el anuncio del final de un ciclo que daba paso a otro postrero, reconociéndolo no sin cierta amargura en su mirada a veces perdida en las tardes en que aprovechando un feliz rayo de sol, salía a empaparse de él en la puerta del bar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pequeña, efectivamente, había sufrido las penas de un matrimonio frustrado, y rotura que sobrevino cuando ya sus hijos eran mayores. Conservaba la elegancia de un tiempo pasado y una coquetería con la que intentaba agradar o atraer a aquellas personas con las que empatizaba, de modo y manera que se hacía querer aunque solo fuera un poco, era una especie de alma necesitada de cariño, o al menos parecía mendigarlo a través de su sonrisa que le iluminaba los ojos como ya se ha dicho antes lánguidos y nostálgicos, y gracias a su hablar pausado de cuidada pronunciación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Añoraba los tiempos pasados, y a menudo en su conversación salía a relucir la casona de la aldea y el jardín poblado de hojarasca, y de banquitos semiocultos entre la fronda, y las vueltas y revueltas de los senderos entre algún castaño más que centenario, y algunos robles muy viejos que eran lo mejor de la finca. Siempre nombraba su rincón especial al pie de un laurel, y protegido por un seto de hortensias, en el que desde pequeña en las primaveras, se escondía a hacerle confesiones con letra redondilla a su diario que guardaba celosamente escondido en su habitación. Ahora al rememorar aquella etapa, se reía con cierto rubor que asomaba a sus mejillas débiles y algo caídas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los días en que  el viento del océano decaía notándose en la ciudad un soplo de tierra adentro, revivía con sus aromas secos, la humedad la mataba como solía decir, y se vestía como para una fiesta, maquillándose un poco, y hacía su aparición seguida de una leve nube de perfume en el bar, saludando a viejos amigos y conocidos, paseándose entre las mesas esperando conseguir la admiración de los presentes, cosa que conseguía siempre; haciendo como que no le daba importancia a esa batalla ganada, se dirigía hacia la calle, apoyándose en la jamba de la puerta, y cruzándose de brazos cerraba los ojos elevando la barbilla hacia el sol durante varios minutos, su silueta mirada al contraluz desde el fondo del bar, presentaba un reverbero en todo su contorno provocado por los vidrios de colores que irisaban el ambiente y que la hacían parecer unas veces una mujer heroica, y otras una mujer en la plenitud de su vida, jóven y ágil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En días así latía en su interior un deseo juvenil de enamorarse otra vez y de ser capaz de todo, era su huida de la enfermedad quebradiza que le acosaba más en las jornadas en que el poniente azotaba la ciudad y la costa con sus galernas y temporales, que la dejaban en un estado depresivo aumentado más si cabe por la lluvia constante que como hilos caía desde los tejados e inundaba las aceras concurridas de paraguas apresurados. En esos días al no poder salir al sol, se refugiaba en la conversación sólo con los amigos más cercanos, y establecía una intimidad durante la que contaba sus desdichas que se iban ahogando con una copa y otra de vinos franceses cuyas botellas guardaba en la bodega del bar solo para  éstos, y los clientes especiales y entendidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al hilo de la cuarta copa, su hermana desde el otro extremo de la barra del bar, le lanzaba una mirada sería y de advertencia, que inmediatamente bajaba hacía la labor que estuviera haciendo en ese momento, como avergonzada, y como diciéndose a si misma, que su hermana ya era mayorcita para hacer lo que quisiera, pero que no le viniera a ella esa noche contándole lo mal que se encontraba, y que si se había pasado bebiendo, y que si…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A esa hora en que la luz de las farolas y el tráfico apresurado por llegar a casa, dibujaban reflejos sinuosos sobre las calzadas brillantes de agua, a esa hora en que las aceras dejaban de ser concurridas, ocupando la anchura húmeda de la calle la solitaria cantinela de la lluvia y algún perro perdido olisqueaba al apresurado caminante, esperando encontrar en el a su amo, a esa hora en que el amigo se va envuelto en una mirada de súplica, en una súplica de un no te vayas, cerraban el bar y subían las escaleras de su casa las dos hermanas apoyándose la una en la otra y en aquel pasado de la casona y el jardín de la aldea ahora oscura y en medio del monte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-5893811365186102910?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/5893811365186102910/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/03/en-la-esquina.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/5893811365186102910'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/5893811365186102910'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/03/en-la-esquina.html' title='&lt;h1&gt; &quot;En la esquina&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-2461248374945093659</id><published>2009-02-22T08:27:00.000-08:00</published><updated>2009-02-22T08:31:40.456-08:00</updated><title type='text'>"Para llegaral Refugio"</title><content type='html'>No faltaba mucho para llegar al refugio, la pista estaba muy desmejorada desde la última vez que se había aventurado por élla, las lluvias del invierno habían convertido el paso sobre algunos barrancos, en torrenteras que habían excavado la base y por resultado el firme, lo que le obligaba de vez en cuando, a parar y bajar de la furgoneta para comprobar cual sería el mejor paso antes de aventurarse en el cruce, antes de que la imprudencia, pudiera dejarle atascado en el barranco, algunos pasos se habían convertido en eso, en barrancos secos, y en alguna ocasión llevaban una corriente de agua aunque no muy abundante, si violenta, por lo que en algún caso, había que trasegar ramas de los pinos  o de los enebros y bojes cercanos, para formar sobre el fondo una especie de pasarela entre el agua y el barro, que garantizase el buen camino a las ruedas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Cualquier contratiempo en aquella pista por la que como mucho podría pasar una persona cada uno o dos días, se podía convertir en un verdadero problema, que se acentuaba por el hecho de viajar sólo, y más aún estando cercana ya la hora de la puesta del Sol. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Las vueltas y revueltas de la pista forestal que iban ganado altura, redibujando las sinuosidades de  las faldas de la sierra, quedaban tras de sí dejando una estela de polvo, rojo arcilloso a veces, blanco otras sobre todo al bordear los derrumbaderos de calizas descompuestas, sobre los que sólo florecían las aliagas, algunos tomillos, y sobre los bordes de las cabezas de los taludes, se asomaban descolgándose raquíticas, las ramas agrias de los arizones como una amenaza solo rota de trecho en trecho, por aquellas zonas más umbrías que estando orientadas hacia el norte, en las que por la época del año, al no llegar a calentarse con los rayos del astro rey, se conservaba en ellas aún siendo ya la hora del atardecer, la humedad de la anterior noche, amparada por las ramas de los árboles que calladamente le veían pasar, despidiéndole a la vez con un silencio cada vez mas acentuado conforme con la lejanía se iba borrando el ruido del motor, quedándose aquel trozo de la sierra, sólo  y en silencio otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El velo cada vez más azul oscuro del cielo, que como un camino marcaba la ruta entre las copas del bosque, de vez en cuando al cambiar en su orientación dejaba ver al tempranero Venus que ya apuntaba anunciando la noche próxima, algún pájaro tardío que volaba alto de recogida hacia su nido, confundiéndose veloz en las alturas, y el camino delante cada vez más umbrío, con esa sensación de contornos que empiezan a desdibujarse a lo lejos, mostrando a veces unas figuras u otras mas o menos imaginarias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Emprendía el reloj  esa hora en la que la tarde comienza a recogerse, y principia a oírse lejana, profunda, de bosque fresco, la voz del búho que anuncia su dominio sobre las bestias del bosque vigilándolas desde la alta rama de una encima, u oculto entre la fronda del roble melojo de cortantes y brillantes hojas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Encendió las luces que descubrían sorpresivamente los baches a lo largo y ancho de la pista semejante a un paisaje lunar, que continuaba a esta cota de la sierra, bordeándose con la compañía del bosque, sólo de vez en cuando al abrirse claros hacía el oeste, le llegaban los rojo anaranjados del horizonte, tras del que se había ocultado el Sol. Ante semejante distracción, detuvo la marcha para contemplar el espectáculo de las sombras cerniéndose sobre el valle varios metros más abajo, sobre éste, y tras otra sierra paralela a la que estaba, y tras otra más y aún mas allá de una gran depresión que se extendía hasta el horizonte, acotada por otra cadena de montañas a cientos de kilómetros en la que se coronaba la luz empenachando las cumbres mas altas con un halo de fuegos y resplandores del atardecer que un momento antes hubieran sido capaces de enseñarle el último y único rayo verde quizás, se terminó el día sintiendo una leve brisa que traía del fondo olor a hongos, maderas muertas, y una mezcla de menta y espliego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No se movió para no turbar el silencio que acogía en su seno al mundo sino después de un largo rato que le dolió romper; el crujido de la gravilla bajo sus pies llegaba nítidamente hasta sus oídos, y al haberse vuelto hacia el alto bosque que ya se presentaba como una masa verde oscura, con la decisión de arrancar de nuevo, el murmullo de una fuente cercana e invisible y el bisbiseo rápido del agua que huye, le decidieron definitivamente a partir. A esa hora sus amigos ya estarían en el refugio de Campo Fenero con la chimenea encendida y la cena casi preparada; el trato había sido varios días antes, como el de recogerles en el pueblo, si no estaban era señal de que habrían comenzado la marcha caminando las cinco horas aproximadas, que había desde el pueblo al refugio, por hacer ejercicio, si no estaban era señal de que habían optado por la marcha a pié, lo que significaba que haría el camino en solitario y tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Encendiendo el motor de nuevo, y conocedor mas o menos de la zona sobre la que se encontraba, calculó mentalmente con los ojos fijos sobre el fondo oscuro de la pista que ahora acuchillaba la luz de los faros, que en aproximadamente quince minutos, si no había de atravesar otra torrentera, estaría al lado del refugio; no fue así y aún hubo de volver a vadear con cuidado la última corriente bajo el despuntar de las primeras estrellas que el anterior Venus anunciaba. Llegado a las proximidades del refugio, paró apeándose con extrañeza al no escuchar ningún sonido, ni oler el humo de la chimenea; a pasos largos se encaminó a la puerta encontrándola abierta, del interior oscuro del refugio llegaba olor a cenizas y a cueva ahumada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Mientras acarreaba desde la pista que bordeaba el prado en el que se asentaba el refugio, la mochila y alimentos que había dejado en la furgoneta, un retumbar bronco y lejano, removió el cielo oscuro y lejano del otro lado de la sierra hacia el norte. La noche en soledad sería larga, mientras que más a menudo se escuchaba la tormenta cada vez más próxima, hubo de esforzarse en cortar leña seca del cercano bosque a la luz de su linterna, ya que el anterior o anteriores ocupantes del refugio no habían dejado ninguna provisión. Sentía el recelo al adentrase en el silencio profundo de la noche y el bosque inextricable por lo que en cuanto pudo o juzgó necesaria y suficiente la carga de leña, lo abandonó deprisa y mirando de vez en cuando hacia atrás, hasta que no se encontró rodeado de la extensión del prado despejado. Con la linterna rasgaba la oscuridad dirigiendo el haz en busca del refugio que se adivinaba como una sombra recortándose sobre un cielo menos oscuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Estalló la tempestad tras cenar en silencio y sentado a la luz del fuego que ardía en la chimenea, cuando comenzó como una marea que aporreaba de granizo la puerta, las ventanas maltrechas del refugio, y las lajas de piedra del tejado, rebotando y llamando como si quisieran entrar a la fuerza, como si alguien muchos  quisieran incorporarse a la vez perseguidos por quien sabe que furia. Los truenos  retumbaban bajando por la  ladera desde la cumbre, como en un alud de sonido, que hacía reverberar las paredes y el vacío de la estancia saliendo con el humo chimenea arriba. Tras el granizo violento un diluvio que se sintió llegar azotando primero entre el vendaval a las ramas doloridas y ciegas de los árboles atacó con sorpresa la cubierta castigada y el escalón de ante la puerta, bajo la cual empezaba a colarse una lámina de agua rápida, como una amenaza de aquello que luchaba desde el inicio por entrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La chimenea se desgarró con un rebotar de piedras y barro seco a causa del vendaval, rindiéndose así a su fuerza y entregando su alma oscura de hollín a la entrada de agua hasta el focal, en donde a duras penas conseguían ahora las llamas levantarse aun a pesar del cariño que ponía en ello al retirar las brasas y los leños hacia otra zona menos expuesta del hogar; mientras tanto algún animal o algo perdido rondaba el refugio por el exterior en medio de la tormenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El agua violenta y abundante, terminó por convertir la mínima seguridad anterior del refugio, en una estancia completamente oscura sólo iluminada de vez en cuando por el centellear de los rayos al reflejarse sobre  la pintura corroída de las contraventanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; En uno de esos instantes inesperados cuando buscaba orientarse dentro de la humareda  y la oscuridad sin atreverse a abrir la puerta y trasladarse a ningún sitio, a la luz de otro de los cientos de  relámpagos con que se pobló la noche, creyó ver en el centro del prado una figura solitaria con los brazos abiertos que se dirigía hacia la ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La mañana siguiente amaneció fría y con los arroyos engordados que impidieron salir de cualquier manera.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-2461248374945093659?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/2461248374945093659/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/02/para-llegar-al-refugio.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/2461248374945093659'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/2461248374945093659'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/02/para-llegar-al-refugio.html' title='&lt;h1&gt;&quot;Para llegar&lt;br/&gt;&lt;br/&gt;al Refugio&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-3858128368018795008</id><published>2009-02-14T08:04:00.000-08:00</published><updated>2009-02-14T15:33:17.524-08:00</updated><title type='text'>"El Cazador del Frío"</title><content type='html'>El cazador del frío en aquella noche, volvía a manifestar su fuerza a pesar de los ya largos meses invernales recorriendo las montañas; sombras furtivas le acompañaban a lo largo de su correría bajo la luz de la luna, y el reverbero de ésta sobre la nieve en los claros del bosque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los árboles cargados de nieve ya helada desde hacía noches, mantenían incólumes el silencio a su alrededor, ni una ligera brisa rompía el silencio helado de cristal; las cresterías de las montañas refulgían de hielo sobre las pizarras  los granitos y los pinos negros revestidos de hielo, como altivas y hieráticas guardianas que se asomaban constantemente sobre el estrecho valle,  impidiéndole huir, condenándolo durante meses a una prisión de escasez, penuria, y hambre. Sólo el arroyo que más adelante se hará río, conseguía huir mínimamente callada y lentamente por entre las rocas, por debajo de su hielo, sin despertar sospechas ante tan sólidos carceleros de las alturas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las sendas permanecían solas, silenciadas por la nieve, y de entre  las fisuras del subsuelo, de haber acercado el oído se podría tal vez escuchar un sordo susurro apenas inaudible,  extraño y desconocido, como el de una marea lejanísima de cantos rodados arrastrados por el océano en su ir y venir, pero en este caso sólo del ir, del ir eterno del hielo trabajando las rocas, descomponiéndolas, desgastándolas, y empujándolas para siempre hacia el valle como queriendo encerrarlo perennemente en el que debía ser el último y definitivo invierno durante el cual habría de llegar el fin irrevocable  sin una esperada primavera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se advirtió en la quietud de la noche un rumor como de pisadas que precedieron a un montañés que al llegar en su penoso caminar después de varias horas a través de la nieve, ante un angosto paso entre dos peñascos que triplicaban su altura, notó una sensación de miedo sin motivo aparente, que le hizo detenerse. Su razón más poderosa que su instinto de conservación, le impelía a continuar pero por otra parte, el pánico paralizaba sus piernas, haciendo mella en su corazón, por lo que decidió dar un rodeo en sus primeros pasos sin volver la espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Venían a su mente imágenes al bordear el cercano bosque, -a cuyo interior lanzaba miradas de respeto-, de noticias escuchadas al  resguardo de la casa y al arrimo de la chimenea, que en aquella ocasión le parecían espeluznantes, a la vez que ahora un sexto sentido le seguía advirtiendo de que el cazador del frío le estaba acechando silencioso, o tal vez  ahora entre las sombras del bosque corriese silenciosamente en la semipenumbra  paralelo a él, por  cuya razón decidió no adentrarse en él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apretando su cayado de boj entre las ásperas manos  se dio valor a si mismo, y aceleró el paso, a fin de ganar cuanto antes el final del bosque y remontando el collado de su derecha, bajar hasta la aldea por el Ibón de las Doce. Serían unas dos horas más de camino, pero estaba  seguro de haberse alejado  así del peligro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Avanzaba a grandes zancadas, conocedor del terreno que pisaba, aún a pesar del espeso manto de nieve que en ocasiones le hacía hundirse hasta la cintura, haciendo por lo tanto muy penosa la marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zigzagueaba bajando ya definitivamente desde el collado, con lo que se adentró en la sombra que la propia montaña arrojaba sobre su falda e incluso mas allá de su  base oscura entre las copas de los abetos que ligeramente se adivinaban como un helado resplandor en el angosto valle. No supo si alegrarse de la anterior decisión que le había llevado a tomar aquel camino, o si lamentarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Era la noche del solsticio de invierno y pasar por el Ibón de las Doce, aunque todo fuesen cuentos de viejas, no dejaba en aquella circunstancia otra necesidad que la de experimentar  en sus propias carnes, qué de cierto o de irreal había en aquellos cuentos, y qué podía ocurrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Murmuraba entre dientes la decisión del grave riesgo que conllevaba el descenso de la ladera, aproximadamente hacia la mitad, se abría un pequeño valle , -ocupado por el ibón-, colgado entre escarpadas paredes que se elevaban terminando en agujas heladas por las que ni siquiera se podía un hombre  aventurar a pasar, aun hasta a veces las cabras monteses llegaban a despeñarse en el verano, cuando buscaban huir de las calores y se aventuraban a buscar los frescos pastos ultramontanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora cada vez más cerca del ibón comenzaba a arrepentirse del camino elegido, no había ninguna posibilidad de desviarse a derecha o a izquierda, estaba metido en franca y oscura bajada, y sopesaba en su interior la posibilidad de afrontar al cazador del frío volviendo sobre sus pasos, que encontrarse ante la laina del ibón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ibón era un lugar sagrado, jamás nadie escupía en él, ni arrojaba piedras; a esas horas, en esa fecha del solsticio, y  a pesar del hielo y el frío la laina, ser fantástico que decían las viejas que se representaba bajo la forma de mujer, a quien se atribuían poderes mágicos  y el don de adivinar el futuro, de la que decían que era muy hermosa, y que ahora estaría en el fondo, en su gélida morada, esperando al primer incauto caminante para atraerlo cantando con sus voces mágicas, como las de las sirenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo sabía, sabía que no era tiempo de viajar por los sobrepuertos de montaña, que la desgracia acechaba en esta ocasión cada vez más próxima, sobre la superficie del ibón, desde donde al sentir sus pasos, la laina aparecería recitando sus encantamientos que le harían caer en sus redes sin remedio, y así desaparecer para siempre bajo las aguas negras&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una leve sensación de amplitud, de espacio, recibida en la cara en medio de la fría oscuridad le indicó que se acercaba al ibón. Se detuvo en silencio perforando la oscuridad, y creyó distinguir una leve fosforescencia más abajo de donde se encontraba; a su espalda, muy arriba, la línea del collado se recortaba, contra la luz de la luna, y estaba decidiendo retornar sobre sus pasos, cuando su corazón se congeló al escuchar el triste aullido del cazador del frío que le esperaba recortando su silueta sobre un peñasco del collado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-3858128368018795008?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/3858128368018795008/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/02/el-cazador-del-frio.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/3858128368018795008'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/3858128368018795008'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/02/el-cazador-del-frio.html' title='&lt;h1&gt;&quot;El Cazador&lt;br/&gt;&lt;br/&gt; del Frío&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-1236781015407858213</id><published>2009-02-08T10:04:00.000-08:00</published><updated>2009-02-08T10:06:04.774-08:00</updated><title type='text'>"Umbríos Cielos"</title><content type='html'>Umbríos cielos acezantes de tormenta, próximas y laberínticas costas  de los pasos del suroeste Patagón tras de las que se intuían travesías  entre los escollos, en donde incluso los iniciados se perdían alguna vez, conjuraban con facilidad las atmósferas más siniestras que ocultaban fatídicas sirenas, u oscuros y amenazadores monstruos que de vez en cuando emergían para llevarse consigo hasta los infiernos, a los atrevidos navegantes que en esa mala hora se habían aventurado en busca de una mejor ruta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reflejos sobre las negras aguas, encima de las que espejeaban rayos mortecinos de sol que de vez en cuando se escapaban de entre los negros cielos, eran rotos en penachos de espuma que blanqueaban súbitamente al chocar contra el casco de la nave, una carraca  de tres palos, la Santa Ursula que ya había navegado en las rutas de Turquía, y hasta en las de la península del Indostán. Había aguantado mil tormentas, y sus cañones detenido el avance de los piratas en el Mediterráneo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel temprano atardecer preñado de frío y hambre, aguzaba la vista el piloto en la soledad de su guardia buscando la ruta para acertar en el paso hacia el Pacífico  a través de la guía del inhóspito cabo de las Once Mil Vírgenes, un confín barrido por los vientos patagónicos; un lugar de agobiante soledad en el que las ondas  sugerían a los navegantes que las cosas no eran lo que aparentaban, sino algo peor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voces invisibles traídas por el viento helador del precoz invierno que se avecinaba sobre las jarcias, hablaban de secretos y posiblemente de lo oculto, recordándoles que al fin y al cabo, la insondable profundidad había tomado parte en llevarse sus vidas fatalmente durante aquel viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La  escasa luz fue declinando rápidamente en aquellas latitudes, y al poco de haber oscurecido por completo, una especie de calma premonitoria llevó hasta la Santa Ursula rumores y olores en el viento de tierra caldeada, que provocó un estallido blando de nieve que sin verse, iba recubriendo con un fino manto blanco todo el maderamen de la nave. Con la noche algunas horas después,  la bajada de la temperatura  había congelado totalmente todos los cabos y las velas recogidas, antes de caer la noche del todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No habiendo sido posible encontrar la alineación del cabo de las Once Mil Vírgenes ante la premura de la noche, se echó el ancla con la esperanza de tocar fondo; el viento procedente antes de tierra, les había llevado a derivar hacia  levante, y la sonda no daba señales de fondo cuando estalló la tormenta definitivamente y sin más preámbulos que un fortísima y densa cortina de agua , que sustituyó a la anterior nevada, el cabeceo de la nave comenzaba a hacerse cada vez más brusco, hasta que se convirtió en un baile que hacía crujir las maderas por el esfuerzo que soportaban. Auténticos ríos de agua barrían la cubierta en toda su extensión,  los gritos y lamentos de marineros arrastrados por la borda, se confundían con las órdenes del capitán que no llegaban hasta los oídos de casi nadie, el piloto atado a la rueda del timón, al sorteo de los relámpagos que desgarraban la  oscuridad  casi constantemente, conseguía a duras penas entrever las montañas de poderosas olas que se proponían hundir la nave, mientras que él con su pericia procuraba no presentarles el través, siempre atento al menor atisbo en la estremecedora oscuridad, de advertir el vacío que provocaban las olas después de haberlas superado con éxito, ese vacío que parecía absorber a la Santa Ursula, hacia la nada, para encontrar poco después una manotazo de gigante que pareciera ser la última, la que por fin desencuadernaría la nave esparciendo como palillos insignificantes  las astillas de las vigas y entablados del barco y su cubierta, pero no era así, el tormento se repetía una y otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tripulación se refugió en la bodega con la esperanza de correr el temporal desoyendo las órdenes del capitán, atrancando escotillas  escasa de estanqueidad, por las que se colaba el agua, haciendo cundir mas aún el pánico y los gritos de la tripulación, envuelta en la negra oscuridad de gritos, quejidos, heces, toneles que peligrosamente golpeaban a unos y a otros provocando heridas, mas agua cada vez y juramentos mezclados con blasfemias, eran apagados por el bramido inconmensurable del océano, esperando que el próximo golpe fuese con temor el definitivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El piloto semiahogado unas veces por las olas que tardaban una eternidad en pasar sobre él, asfixiado otras por sus propios vómitos que le subían el estómago hasta la boca cuando la nave parecía bajar a una velocidad vertiginosa hasta el mismísimo fondo, creyendo que se iba a estrellar contra él, juzgó estar muerto al no sentir nada ya cuando una luz poderosísima, se estrelló contra uno de los palos de la Santa Ursula, descendiendo a continuación como un resplandor de fuego fatuo por las jarcias y los travesaños de la embarcación, convirtiéndola en una nave fantasmagórica fosforescente, como si un diablo exterminador la hubiese tomado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El inusual silencio que acompañaba aquel momento hizo que su madre se asomase a la galería, vigilante para saber que hacía en medio de la tarde callada, una vez protegido con su mirada, continuó jugando con un barco de madera en aquellas horas de verano, remangados los brazos, y provocando tormentas en el agua de una tinaja de boca ancha y poca altura, situada en el rincón de la galería que daba a los corrales de la vecindad en la casa de sus padres, en la que hacia nacer tormentas que forjaban zozobrar a aquel trozo de madera pintado de azul, con la cubierta blanca así como las bordas; tenía tres palos y unas velas que siguió con sus singladuras por mares desconocidos y fantásticos, recordando aquel mar Mediterráneo que había visto por primera vez tal vez aquel mismo año de su tierna infancia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-1236781015407858213?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/1236781015407858213/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/02/umbrios-cielos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/1236781015407858213'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/1236781015407858213'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/02/umbrios-cielos.html' title='&lt;h1&gt;&quot;Umbríos Cielos&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-2365893415434995049</id><published>2009-02-02T10:50:00.001-08:00</published><updated>2009-02-02T10:53:00.933-08:00</updated><title type='text'>"Para Subir a La Falsa"</title><content type='html'>Para subir a la falsa, por lo de aparente, ilusoria, quimérica, imaginaria,  destartalada ascensión que había de hacerse hasta la buhardilla, que a partir de ahora en sentido familiar seguiremos llamando falsa, había que acceder desde la cocina a través de una puerta sobreelevada algo así como sesenta centímetros por encima del nivel del pavimento de ésta. Era una puerta pintada de color aproximadamente marrón oscuro, que se cerraba con sólo una aldaba deteriorada por el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le gustaba pasar largas horas en la gran escalera polvorienta, mientras que alguien no reclamase su presencia, o advirtiera que ya hacía rato que no se le veía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A derecha e izquierda, se apilaban, los más dispares utensilios de uso  cotidiano en la casa; se diría que algunos ni cotidianos, a juzgar por la personalidad y el fondo de la solera del manto de polvo y telarañas con que se cubrían, encontrando escalón tras escalón, desde mazos de esparto, pasando por botes de hojalata, terrizas antiguas de cerámica con bordes vidriados, barreños, cántaros, braseros, tubos de chimenea, rollos de alambre, haces de cuerda, escobas de palma, cajas de botellas de cerveza vacías color ambarino, botellas de vidrio verde, sifones que aún conservaban líquido, y cajas varias de cartón junto con cestas y canastos de mimbre, además de otras cosas indescriptibles que permanecían arrumbadas y olvidadas, doliéndose de  los días en que formaron parte de un todo al cual complementaban para el disfrute de su usuario, y hoy olvidadas. Ni había memoria de ellas, cuando más, acaso un vaguísimo recuerdo, otras ni eso, pero que ahora sin saberlo, al no tener conciencia de sí mismas, como objetos arrinconados e inanimados, formaban parte de un nuevo ser misterioso, dormido, que era capaz de recrear historias diversas; el ser de la falsa, con respiración y vida propia, que despertaba todas las noches cuando la humanidad dormía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al inicio de los escalones altísimos para un niño o un enano, a mano izquierda, según se abría la puerta de color aproximadamente marrón oscuro, se ubicaba como una especie de depósito, o de vaso de expansión o de vaya usted a saber qué,  correspondiente a la instalación de la calefacción del piso de abajo, los del piso de abajo eran ricos, en los días de invierno apoyaba su cara contra el acero, y escuchaba junto con el calor que transmitía el metal las conversaciones de los vecinos, al menos todas aquellas que se decían en voz alta, las que transcurrían en un tono medio eran imposibles de descifrar, sólo como mucho, las frases finales, algunas deducidas por el hilo de las conversaciones, que a veces disminuían de volumen, dando a entender, que algo más intimo o secreto se decía, impidiendo al oyente inesperado e insospechado de arriba, enterarse casi siempre de nada en definitiva.&lt;br /&gt;.Junto a este depósito, casi siempre se solía encontrar con arenas blancas para bruñir y abrillantar los metales, además de otros botes con estropajos, bayetas, y tajos de jabón artesano, que siempre se depositaban allí para garantizar que se encontraban en sitio seco, y por la cómoda proximidad del fregadero de la cocina, al otro lado de la puerta  de color aproximadamente marrón oscuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escalones más arriba, una vez traspasada la altura en la que dormían las cajas de cerveza  vacías color ambarino, comenzaba el reino de las telas de araña que coleccionaban a otro en él, envuelto  por una penumbra mas consistente de cajas de madera llenas de novelas y tebeos de un tiempo pasado, de páginas amarillentas de papel frágil y recomido por los ratones que a falta de otra cosa mejor que llevarse a la boca, debían husmear en los ratos perdidos de las noches serenas, alimentando así sus estómagos, y quien sabe si su espíritu literario, emulando a las famosas ratas de biblioteca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando permanecía ratos ávidamente repasando y hojeando dibujos antiguos, de héroes imaginarios, que iban despertando de un largo y polvoriento letargo al paso de las hojas, de cuando en cuando se solían oír ruidos extraños en el silencio de la falsa tenebrosa que se prolongaba más allá del pequeño y sucio lucernario de la cubierta, cuya proyección de luz aun zambulléndose de lleno en la oscuridad mas absoluta, no conseguía herir lo más mínimo la tiniebla a través de la cual, jamás se había atrevido a caminar, ni se atrevería por todo el oro del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mejor tesoro encontrado allá arriba, cerca del halo de lux, y cerca también de la amenazante tenebrosa oscuridad del imaginado fondo lejano de la falsa, era un libro encuadernado a mano, manuscrito, de viajes alrededor del mundo, en el que aparecían dibujos a plumilla, de trasatlánticos zarpando de puertos, de extrañas gentes tocadas de turbantes, de elefantes ricamente adornados, aves extrañas acariciadas por  vistosas plumas, nombres tan lejanos y desconocidos como Baluchistan, o Samarcanda, árboles que recibían nombres raros como secuoyas, que en el dibujo aparecían horadadas por un túnel a través del que transitaba un carro tirado por caballos, lejanísimos pobladores de islas ignotas del sudeste de Asia, africanas con deformaciones en los labios, cargadas de collares, y maharajaes que paseaban por encima de cadáveres de tigres de Bengala .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella tarde lluviosa y fría en que a duras penas podía seguir el curso de la lectura de aquel tesoro que repasaba a escondidas en las alturas de la falsa, la luz escasa que entraba a través del lucernario había ido disminuyendo, y quien sabe si enardecido por lo leído de aquellas aventuras, lanzando una ojeada a su alrededor, descubría a duras penas en la semipenumbra, el contorno de otra caja de madera más allá del limite del que nunca se había aventurado; resonaban las gotas de lluvia en el tejado cansadamente, y por entre las hendiduras y desajustes del lucernario entreabierto, se descolgaban una o dos goteras, que a destiempo chocaban contra el suelo de un mortero bastardo sobre el que  hacía rato ya, permanecía sentado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La recompensa del posible premio de aquella caja contenedora de quien sabe que oculto secreto empezaba a espolear su imaginación superando a ráfagas al temor que le producía aventurarse mas allá de aquellos límites de los que dijo que no traspasaría  ni se atrevería a traspasar ni por todo el oro del mundo; pasó un  rato en el silencio solo roto por el desacompasado caer de las dos goteras del  lucernario, y comprobando en su interior más íntimo que comenzaba a encenderse un atisbo de seguridad en sí mismo, se incorporó con cuidado de no enfrascarse en las telas de araña que como cortinas se tendían por doquier, estaba lejos del centro de la cubierta, por lo que al encontrarse cerca del alero, podía tocar las vigas de madera que bajaban desde la jácena central, y acariciando con las manos los pares de madera que desde la cumbrera venían a morir en la carrera del muro exterior, les arranco un susurro de olor a resina antigua, cuya aspereza y valentía impregnó sus manos, arrancando una pieza de la urdimbre del cañizo del tejado, y sintiéndose mas valiente con esta débil arma, a modo de espada  blandida, se aventuró hacia la caja de la semipenumbra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con cautela, descorriendo con la pieza de caña las telarañas que se tendían a su paso, llegó hasta la caja, al moverla corrieron arañas y otros insectos  desconocidos a esconderse en un lugar más seguro, hubo de ponerse a un lado, decidido como estaba a no llevarse la caja de allí a causa de quien sabe cuantos bichos más podría haber debajo o al lado, si quería no interrumpir la escasa luz que llegaba desde el ahora lejano  lucernario; una vez que sus ojos se hubieron ido acostumbrando a la escasez de luz, comenzaron a vislumbrarse en el fondo de la caja, balas de fusil dentro de sus casquillos, lo que quería decir que no se habían disparado nunca, había como diez o doce, frías y pesadas, que al quitarles el polvo, recogieron un mortecino destello de los últimos rayos que se aventuraban hasta aquella profundidad. Sorprendido aún  por el hallazgo, no advirtió que era observado desde el fondo más tenebroso al que no se aventuraría ni por todo el oro del mundo a ir, en estas estaba, cuando oyó, adivinó casi un murmullo o ruido, o desplazarse apenas perceptible, que en principio le intranquilizó, pero dispuesto en la tarea de entrever las balas, no prestó mucha atención; un segundo rumor esta vez si real, verdaderamente real, lo había escuchado perfectamente, le sugirió un escalofrío que comenzando en su costado izquierdo se dispersó como un relámpago por su espina dorsal hasta llegar detrás de las orejas, apretando la caña en una mano, y una bala que le pinchaba en la palma de la otra mano, se incorporó lentamente al tiempo que sus ojos escrutaban la oscuridad del fondo de la falsa, poco a poco en el silencio  al girar el cuello en su labor de inspección a su izquierda, los dos carbones encendidos que adivinó se acercaban  hacia él, hicieron que se le erizara el cabello, y corrió, corrió a medio trompicones, y  arrastrando tras de sí todas las telarañas a su paso, la imaginaria espada que hace un momento blandía con firmeza, volaba por los aires mientras que bajaba en saltos peligrosos todos los escalones hasta llegar a la puerta pintada de color aproximadamente marrón oscuro, que después de traspasarla, volvió dando un portazo, apoyado contra ella la espalda, al poco tiempo una vez serenado, escucho al otro lado el maullido de un gato que le llamaba.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-2365893415434995049?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/2365893415434995049/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/02/para-subir-la-falsa.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/2365893415434995049'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/2365893415434995049'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/02/para-subir-la-falsa.html' title='&lt;h1&gt;&quot;Para Subir&lt;br/&gt;&lt;br/&gt; a La Falsa&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-837251954436320813</id><published>2009-02-02T10:44:00.000-08:00</published><updated>2009-02-02T10:49:57.909-08:00</updated><title type='text'>"¿Qué Habían Hecho con sus Canciones...?"</title><content type='html'>Le trajo a la realidad además de constatar que el café estaba frío, el arrastre de una silla en el apartamento de al lado. El mar ha estado mientras tanto con su bramido de mareas vivas de enero, importándole un comino, si es que al mar le pudiera importar algo, las montañas irreciclables de desechos de actos inhumanos. ¡Que siga el mar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Que habían hecho con sus canciones? ¿Quién se las cambió? ¿Quién se encargó mientras caminaba por el sendero deslumbrado hacia una luz hermosa que conforme llegaba a ella fue muriendo porque descubrió que era alimentada por una batería no recargable? ¿Quién se encargó de cambiar su canción? ¿Qué hicieron de sus tardes soleadas de la primavera, de su camino radical? ¿Qué hicieron de sus noches de verano a la luz de la Luna y el crí-crí de los grillos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era como una  pequeña herida molesta, el darse cuenta  de tantos minutos atrás, de tantos años acumulados, la tristeza de lo tirado inconscientemente y que ahora se quisiera  recuperar al darse cuenta de que ha sido algo no vivido, desaprovechado, la necesidad vital de retener el tiempo perdido, ahora que parecía que quedaban pocos inviernos por delante, la certeza fatal de que sólo se podía huir hacia el futuro, tan cercano  a la vez, pero sin adelantarlo y vivir, vivir el presente, y desplegar una actividad absoluta, a nivel de los sentimientos, de las ideas, de las palabras, de las acciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la semipenumbra de la habitación se estableció una corriente entre observador y observado, flotando como en una semiinconsciencia favorecida por el momento de calor y la circunstancia de la inmovilidad de ambos en el silencio extraño de la ciudad, sólo turbado por un delgado haz de rumores lejanos, antiguos, umbrosos que llegaba hasta ellos sin darse cuenta. Vivir, vivir intentó transmitirle en silencio a su nieto, ser uno mismo y forjar su vida día tras día, sin perder el tiempo para no sentir este dolor, casi angustia que ahora le atenazaba allí tumbado, agarrado a los brazos de la hamaca que lo envolvía, aferrándose a ellos cómo al borde del vacío de un espacio negro, gritándole silenciosamente en su interior con la mente abierta, que viviese por sí mismo, cuando sintió como un bloqueo en la mente y una acelerada caída en la negrura que le erizaba el vello, luchando con sus menguadas fuerzas por regresar de aquella aterradora vacuidad de aquella tenebrosidad infinita que sólo servía para hacerle cada vez más patente su caída; al  percibir que nada ocurría, comenzó a sentir emociones ajenas, perdidas, o no usadas, y se vio a sí mismo definitivamente en un clarear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún no había salido el Sol, pero los pájaros del soto del río en mágica algarabía comenzaron a saludar el próximo día, despertándose alegres cuando cruzaba el puente antiguo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si todo salía como esperaba no notarían su ausencia hasta el anochecer, y para esa hora ya estaría lejos, en el valle casi, y dos días después en la ciudad. Había elegido esa ruta a sabiendas de que si hubiese decidido hacer su huída por la sierra hacia el oeste, tarde o temprano, los pastores hubiesen dado aviso de su paso, conocedores como eran de todos los refugios, pasos, y vericuetos por los que necesariamente hubiese tenido que transitar en rodeos más o menos grandes. La decisión estaba tomada, era más seguro caminar por el único lugar que no le buscarían, el camino hacia las sierras exteriores, por donde el río  terminaba de romperse el pecho entre hoscos barrancos y verdes bosques, rápidos espumosos y cristalinos pozos. Todos saldrían a buscarle temiendo lo peor, subirían hacia la cabaña en el prado donde guardaba el ganado imaginando ovejas muertas, y alguna despeñada, y él, él, sabe Dios dónde, con su perro siguiendo al mismo oso que diezmó los rebaños el otoño pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al pié del último mallo, antes de iniciar la bajada de la cuesta del camino se volvió hacia el pueblo cuando el horizonte  comenzaba a teñirse de un color púrpura; una lágrima  luchó por salir de sus ojos, un instante inmóvil contemplando el caserío guardando en su cerebro la querida imagen de la que debía huir, una ligera brisa le recorrió la cara y se volvió mientras comenzaba a caminar con la certeza de que esa era la última vez que vería su pueblo. Una sensación de desarraigo y de decisión inevitable le golpeó las sienes cuando con firmeza y a grandes zancadas se le escapaban rodando de entre sus pies, las piedras pendiente abajo, e intentaba no recordar nada, no pensar en nada, si no en poner tierra de por medio como si huyera muy deprisa, queriendo quemar etapas, o queriendo aprovechar los minutos no utilizados. Estaba alto el Sol cuando detuvo por un momento la marcha, había caminado mecánicamente unas veces mirando al frente, y otras a las piedras del camino sin reparar en las consecuencias de su decisión, sólo con largo camino hacia delante aguijoneado por la necesidad de proyectarse fuera de sí hacia aquel mundo que tenía enfrente hacia unas miradas más amplias, su alma se sintió llena y triste, un tanto a la vez por lo que dejaba atrás, sin dejar de poner en el platillo de la balanza todo lo que podía conseguir de allí en adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sucedieron los días de lluvia sin cobijo, los días de frío y de calor, las noches, el hambre, los trabajos esporádicos para conseguir dinero, el hambre otra vez, las lágrimas, pero ya no podía volverse atrás; lo habrían dado por muerto a estas alturas y, al fin un buen día llegó al mar, punto final de toda la tierra reconocida por él, pisada, sudada, sufrida, trabajada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-837251954436320813?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/837251954436320813/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/02/que-habian-hecho-con-sus-canciones.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/837251954436320813'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/837251954436320813'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/02/que-habian-hecho-con-sus-canciones.html' title='&lt;h1&gt;&quot;¿Qué Habían&lt;br/&gt;&lt;br/&gt; Hecho con sus&lt;br/&gt;&lt;br/&gt; Canciones...?&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-9019293317380271277</id><published>2009-02-02T10:36:00.000-08:00</published><updated>2009-02-02T10:44:02.531-08:00</updated><title type='text'>"Quería Verlo Todo"</title><content type='html'>Quería verlo todo, iba a ser el primer día, pero a la vez sentía o temor, o una vergüenza extraña que le impedía comportarse como los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una mañana otoñal, no libre de los primeros fríos que ya habían estropeado los postreros días del verano; en las calles se estancaban los primeros charcos, y una niebla tenue inusual para la época, difuminaba los contornos de la media distancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se le retrasaban los pasos a lo largo de la calle conforme se acercaba a la principal por la que discurría en alegre algarabía punteando aceras y centro de calzada, aquí y allá, como a voleo,  grupos de chicos y chicas separados los unos de los otros, haciendo burlas, o persiguiéndose esporádicamente, más ellos a ellas, que escapaban entre un revoloteo de trenzas y chillidos, eran como una pequeña marea discontinua de prometedor futuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El vibrar de las voces, y el desconocimiento de tanta novedad, le retrajo aún mas, por  lo que se paró medio ocultándose al lado del umbral de un portalón de  corral, indeciso de si debía de seguir adelante  o esperar a que pasasen todos. La calle mirada hacia atrás, se prolongaba hacia los árboles que asomaban por encima de la tapia del molino de aceite, ambos lados de la misma estaban guardados por altas tapias sin ningún interés, ciegas, sin adornos, si acaso de largo en largo trecho, abrían alguna puerta, que salpicada de polvo y barro viejo, dormía con su cerradura silenciosa, en cuyo ojo habían tejido las arañas, polvorientas telas ahora abandonadas y sin ningún servicio como trampa para incautas moscas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Levantó la vista  al escuchar el gorjeo de algún pajarillo, que saltaba entre el follaje ya amarillento de las hojas de una higuera, cuyas ramas amanecían por encima del último lienzo de tapia de su izquierda, que llegaba a formar esquina con la calle principal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su continuada indecisión había ido acercándose sin querer del todo a la calle por la que discurrían todos hacia su punto de destino. Dentro de la comodidad de su ropa, que le podría dar seguridad y confianza en aquella mañana medio gris, se azaraba su corazón ahora, creándole cierta confusión entre el deseo de ir, y el recelo de encontrarse entre nuevos, y al fin un tanto de temor a lo desconocido, le volvió a retrasar con dudas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miraba ahora desde la esquina parado, a quienes últimos pasaban ya apresurados, con la esperanza de entrever alguna cara conocida, que le infundiera ánimo en su interior como excusa para dar los pasos decididos y sin desconfianza; al poco alguien vagamente visto otras veces, de aproximadamente su misma edad, le dirigió una mirada que parecía preguntarle qué hacía ahí, pero en su brillo reconoció cierta inquietud  que parecía decirle: no vayas, yo no sé por qué lo hago. Consciente este último de que no había conseguido con la mirada animarle a seguir, sin pararse, movió la cabeza con un gesto de la barbilla indicando dirección. A punto estuvo de seguirle, cuando unos metros mas adelante, volvía su posible salvación la cabeza, para comprobar si le seguía, pero al comprobar que permanecía clavado en la misma posición, se fue confundiendo en la  frescura de la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al poco tiempo sin haberse movido empezó a quedar la calle vacía y en silencio, pasó el resto de la mañana calle arriba, calle abajo, procurando pasar desapercibido, y siempre atento a ocultarse de alguna cara conocida, ahora que la suerte ya estaba echada, y nada de lo hecho tenía remedio; en cualquier caso era un buen lugar para esconderse, puesto que aproximadamente casi dos horas después, no habían pasado mas que un anciana vestida de luto apoyándose en un bastón, con paso lento, que o bien no le vio, o bien no le prestó ningún interés; y un rebaño de ovejas que detrás de su pastor fue pasando al compás de las esquilas y un olor acre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedó la calle en silencio adormeciéndose con el cada vez más lejano tintineo de las esquilas del rebaño, y en su superficie  los anteriores charcos dejaron volar su imaginación por un mundo de viajes a través de aquellos mares pequeños, recalando las pajas que simulaban a barcos, en angostas ensenadas, o fondeando en bahías amplias de color cenagoso, mientras que otras, arrastradas con lentitud por corrientes provocadas por las pezuñas de las ovejas, pasaban de un lago a otro demorándose en ríos estrechos incapaces de aumentar la velocidad de su corriente conforme se iban nivelando los trasvases de agua entre unos y otros mares, hasta que de vez en cuando el paso de algún caballo arrastrando su carro unas veces vacío, u otras cargado, provocaba una tormenta de espumas, corrientes, y remolinos en el agua que restablecían un mundo de caos y divertida confusión, para romper el aburrimiento en que se estaba convirtiendo aquella mañana después de su primera indecisión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las campanadas en el reloj de la torre, le devolvieron a la realidad, contó once, eran las once de la mañana, hasta ese momento no empezó claramente a hacerse una luz en su cerebro, que acuciantemente le destellaba con  insistencia preguntándole acerca de una respuesta a una cuestión, la solución pasaba por dos contestaciones, una mentira bien urdida, o la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debió de pasar una hora más, y en esas, el tránsito de viandantes por la calle hasta primeras horas de la mañana reducido, se fue aumentado con lo que ya no pudo ocultarse como seguía siendo su intención de todas las caras, ni de sustraerse a algunas preguntas que le dirigieron juzgándole, y afeándole su proceder, pues era demasiado evidente que no era ese el lugar ni la hora para él, en el que debería estar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando toda la marea de gritos y carreras alocadas volvía a pasar con alegría de vuelta  hacia sus casas, disimuló incorporándose a la misma, cuidando de no hablar con nadie hasta llegar a su casa en la que la mentira a las preguntas surtió efecto de momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la tarde, su madre le acompañó a la escuela para asegurarse de que llegaba, y el maestro colocando una mano en su hombro, a la vez que le miraba desde la altura de sus lentes extraordinariamente limpias, le invitaba a pasar al aula, diciéndole sin hablar, con una mirada, que allí no se comían a nadie, y que la promesa del conocimiento de lejanos mares, estrellas y resplandecientes soles, sólo la encontraría en aquel lugar, en el estudio y el aprendizaje día a día que le ayudaría a hacerse hombre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-9019293317380271277?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/9019293317380271277/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/02/queria-verlo-todo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/9019293317380271277'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/9019293317380271277'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/02/queria-verlo-todo.html' title='&lt;h1&gt;&quot;Quería&lt;br/&gt;&lt;br/&gt; Verlo Todo&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-6960544012706286069</id><published>2009-01-31T09:02:00.000-08:00</published><updated>2009-01-31T09:21:29.751-08:00</updated><title type='text'>"La Línea del Cielo Recortandose"</title><content type='html'>La línea del cielo recortándose por entre los eucaliptos y los pinos, perdiéndose  y confundiéndose en una lengua de tierra mar. Vuelan las primeras gaviotas y los albatros sobre los bancos de niebla. El Sol tímido viene precedido de una aurora que juega al rojo gris. Cerca, la espuma blanca invisible de las olas que se despiertan, lame  mansamente la arena de la playa a ciegas, adivinándola por el tacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le devolvió a la realidad el borboteo del café saliendo con furia por los vomitorios del tubo de la cafetera, vaharadas se esparcían por la mañana de café, como preludio de formar un hogar, un sitio común, aunque fuese  unipersonal, bueno, un sitio propio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay sabores que traen recuerdos, durante los primeros años de la vida, los olores y las sensaciones táctiles quedan marcadas indeleblemente en algún rincón de nuestro cerebro, que de vez en cuando, a una llamada renacen evocando vidas pasadas, para siempre y desde siempre junto con algún momento de placer asociado, o de misterio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la puerta de la galería de la primera casa que conoció de sus abuelos, siempre olía a malta y a una mezcla de años duros, de escasez, pero con muchos amaneceres por delante; era el olor de aquel trocito de la ciudad con sus tejados sucios y geranios languideciendo en pozales de zinc agujereados, o aquella jarra de porcelana vitrificada colgada siempre de aquella escarpia tan alta en unas paredes blancamente encaladas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su abuela nunca le había querido en exceso, vamos, eso lo descubrió muchos años más tarde. Lo maravilloso de aquella casa era marchar al balcón del comedor, al que casi nunca se podía entrar por prohibición expresa de la abuela; casi siempre tenía las contraventanas cerradas y las rendijas dejaban pasar huestecitas mágicas de rayos de luz en los que los dedos podían subir entre huracanes y tempestades de partículas descubiertas in-fraganti haciendo de las suyas, sesteando una calma sólo perturbada por los dedos. A veces le traicionaba una de las baldosas de arcilla cocida  rojas, enceradas, brillantes, que se movía con un “clec”. La mesta azul de patas torneadas era una atracción irresistible quizás por que estaba acompañada por dos sillones igualmente azules con respaldo y asiento de rejilla de paja, en donde se podían meter las yemas de los dedos. ¿Dónde quedó la huella de su pequeño desastre cuando se rompió un agujero?.&lt;br /&gt;Abrió el balcón muy despacio, despacio, con aquella falleba gastada, sin hacer ruido, fue un triunfo. En el calor de la reja del balcón le saludó la rama de olivo seca que siempre estaba ahí para proteger a la casa de los rayos y de las tormentas; los ramos de olivo bendecidos en la misa del domingo de Ramos, siempre tenían aquel poder, al menos hubo un tiempo mas creyente en que sí, y al parecer durante un año justo, por lo tanto era importante tener el mejor seguro, esto es, siempre una rama que colocar e ir a esa misa para conseguir tal propósito; en el momento de la bendición, todos los chicos y mayores levantaban sus ramos en la creencia de que algún influjo poderoso del propio acto, podía escaparse, o no llegar hasta el ramo del portador, sobretodo si tu vecino de delante era mas alto, de ahí la preocupación de que pudiera no llegarte un trocito de bendición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se sentó en el suelo del balcón a ver pasar aquéllos tranvías verdes y blanco marfil. Tenían una parada en la curva lejana allá hacia la izquierda, más allá del matadero. Una noche de verano fue paseando con su abuelo hasta el patio del mismo, tenía adoquines frescos, que regaba con una manguera un empleado con gorrilla y cigarrillo apagado en la comisura de los labios, que de vez en cuando dirigía hacia la verja alta de fundición historiada y pesada, dibujándose en su cara una sonrisa de placer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La siguiente parada, casi estaba debajo, frente al portalón aquél con un arco de ladrillo ennegrecido por el tiempo; como la puerta antigua ya había desaparecido seguramente por deterioro y desidia, la habían cambiado por otra corriente rectangular, y de menor paso, convirtiendo así lo que debió ser una entrada de coche de caballos en otra de entrada peatonal, el espacio resultante entre el intradós del arco y las nuevas jambas era un lienzo anodino que contrastaba con la ajada belleza del arco, en cuya superficie encalada blanca podía leerse que el local pertenecía a oficinas de un sindicato de riegos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzando en el balcón se podían ver los tranvías desde arriba y así no parecían tan grandes, les veía el techo con manchas de grasa que goteaban del trole, y óxido de otras piezas, la cuerda de desengancharlo, combándose hacia atrás con la velocidad, era para él un cierto privilegio reservado al  pensar que en el techo estaba su fuente secreta de fortaleza. Frente a la casa se veía un corralón, éste era inhóspito, donde algunos chicos, muy pocos, jugaban de cuando en cuando, tenía un agujero en la tapia y se hacían charcos grandes en el otoño, y en la fachada del fondo había dos puertas grandes de cocheras y sobre ellas un cartel largo y negro con letras mayúsculas doradas: “Pompas fúnebres La Estrella”. Nunca se bajaba sólo al corralón, la verdad es que no le entusiasmaba mucho; alguna vez con su tío, era el único que le entendía, y su abuelo.  Su tío estaba lejos ahora, hacia donde amanece, y para poder ir allí había que ver salir el Sol aplastando la nariz contra la ventanilla del vagón de tren que te llevaba, porque la máquina cuando amanecía, estaba enfilada hacia el astro rey, así que en aquel momento de ensoñación era impensable bajar al corralón, por otra parte hacía demasiado calor. Retrocedió cerrando con sigilo las dos hojas del balcón, tanteando en la semipenumbra calurosa de no pisar en la misma baldosa que volvió a crujir más fuerte esta vez, oía al pararse en suspenso, el zumbido de la sangre, esperando oír también alguna advertencia, que pasado un rato no llegó desde la alcoba de la habitación de la parte de atrás de la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Animado por esa circunstancia salió dirigiéndose por el pasillo de techo alto oscuro, sólo alumbrado por aquellas dos lamparillas de aceite que acompañaban siempre a una imagen de la Virgen María, empujó suavemente la puerta del taller de su abuelo, dormía, o parecía dormir sobre una hamaca de lona, la boca entreabierta, blancas las sienes. Debajo de la mesa grande, como era verano, no había recortes de telas; en invierno era un goce revolcarse entre ellos, casi todos de tonos grises, azules, de mil rayas, negros, y en el fondo siempre estaba la tortuga fría invernando. Una plancha que había que levantar con las dos manos, y una tijera enorme de cortador de trajes, que su abuelo manejaba con maestría y destreza, sobre la que le tenía advertido que tuviese cuidado, ahora descansaba, como el abuelo, los dedos amarillos de tanto fumar aquellos cigarrillos que él mismo se liaba, el cenicero de bronce lleno a rebosar, las sienes blancas, el respirar acompasado. ¿Era aquél su sitio, su tiempo?&lt;br /&gt;El primer rayo de Sol que ya alumbra las olas, al herirle la vista le vuelve a la realidad del café enfriándose ya hace rato.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-6960544012706286069?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/6960544012706286069/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/01/la-linea-del-cielo-recortandose.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/6960544012706286069'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/6960544012706286069'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/01/la-linea-del-cielo-recortandose.html' title='&lt;h1&gt;&quot;La Línea&lt;br/&gt;&lt;br/&gt; del Cielo&lt;br/&gt;&lt;br/&gt; Recortandose&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8662701199744669714.post-855441899175839677</id><published>2009-01-28T13:14:00.000-08:00</published><updated>2009-01-28T14:45:42.661-08:00</updated><title type='text'>"Espera"</title><content type='html'>Soplaba fuerte el viento, ya había amanecido así, y ahora en la quietud de la noche, sin trabas, campaba a sus anchas, mas rey aún, azotando los montones de cebada en la era, martirizando a los papelillos y jirones de desechos de industrias humanas atrapados entre las espinas de las aliagas o de los cardos. Se aventuraban los ratones hacia el grano y algún conejo huidizo. A unos metros más allá, el camino apisonado de tierra blanquecina, despertaba en polvaredas a la luz de la Luna, las luces del  pueblo cercano y algún coche trasnochador por la vecina carretera, fugazmente, quien sabe si con angustia, o con qué fatigoso propósito, pasaba hacia su descanso seguramente. Siseaban las hojas de las acacias con el viento, raquíticas de troncos sucios y polvorientos, siempre soñando con el agua y en la cuneta, olvidada, rebosante de hierba y hojas secas, quien sabe que mundo de animalillos e insectos se estremeció al sentir el vibrar del suelo al aproximarse con un pitido el tren de medianoche, nostálgico, sin saber a donde va, como todos los trenes en la noche. El silo detrás de la era, guardián amenazador, parecía cernirse constantemente desde su altura, pero asomando su frente hacia el Levante, deseoso tal vez de acabar con el azote del viento en su espalda alta, esperando al Sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no llegaría aquella noche, llevaba mas de una hora sentada dentro del coche, mirando  de enfado y de preocupación a la vez por aquella especie de plantón que a fin de cuentas se había buscado ella misma. Aplastó el enésimo cigarrillo en el cenicero ya lleno y miró hacia el exterior viendo su cara reflejada en el cristal contra la noche, vagabundearon cansados sus ojos sobre el rostro reflejado. El de hacía veinte minutos había sido el último tren, lo había despedido sin mirar como se alejaba, buscando con la mirada por el final del andén, por si él hubiese querido gastarle una broma siendo el último pasajero en bajar, y así tener la estación vacía para los dos abrazándose y besándose a salvo de cualquier mirada, con sólo las farolas y las vías como mudos testigos, pero no había encontrado sino algún “hola” de conocidos que apresuradamente descendían del tren hacia la salida principal, mientras que con la barbilla levantada miraba a contracorriente humana, tropezando con algunos de los recién llegados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cena, pensó, ya estaría fría, sin amor caliente, la mesa puesta, con toda la ilusión esperando escondida entre el brillo de las copas de cristal ahora apagadas en la casa sola; esperaba tanto su llegada que tal vez se había apresurado con los preparativos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encendió la luz del espejo retrovisor y se miró al fondo de los ojos preguntándose, se alisó una ceja, casi le había desaparecido el carmín de los labios, había huido en las boquillas de los cigarrillos y en la espera. Apagó. ¿Qué hacer? ¿En realidad le había dicho por teléfono que vendría hoy? Ya a esa hora dudaba de lo que había oído, o si era su deseo lo que había creído oír. Llamar por teléfono. ¿A dónde? ¿A quién? ¿Y en todo caso, que diría? Que él no había llegado. Mire usted, todos los días acaban sin que alguien llegue a donde se dirigía. Muy duro, pensó, ¡Cómo le iba nadie a dar esa  contestación!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se asustó saliendo de pronto de su ensimismamiento a los golpes en el cristal de la ventanilla de su derecha, no lo había visto venir, evidentemente pensó, el guardia. ¿Que qué hacía allí?.....Esperar, contestó enfadada, con alguien tenía que descargar. Le daba igual que no hubiese más trenes, nadie le podía prohibir que estuviese allí. Se marchó el guardia y salió del coche, el viento le revolvía el cabello, la Luna estaba bastante alta, llena; por un momento se sintió compañera de élla, las dos estaban igual de solas. Se metió al coche cerrando tras de sí la puerta, nunca se cerraba bien al primer tirón, pensó, un segundo tirón y cerró suspirando otra vez en aquel mundo pequeño sin saber que hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa estaría muy sola ahora, sin los chicos, le daba miedo el hacerse a la idea de tener que pasar la noche allí, aunque estaban los vecinos, pero ¿De qué servían?. Le recorrió un escalofrío al pensar en la quietud de los muebles y el silencio y casi decidió que no volvería esa noche a casa, para no encontrarse la mesa puesta y vacía, por otra parte ya se le había pasado el hambre, aunque podría pintar, hacía dos días que la tela le esperaba sobre el caballete, pero su miedo, o su aprensión iban siendo más fuertes que su primera decisión de haber vuelto a casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y con él? ¿Qué iba ha hacer con él que no había llegado?. Mejor aún. ¿Que hacía élla sin su presencia, que hacía con su plan que había preparado para los dos en aquella noche?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a preocuparse con un fatal pensamiento, aunque no era su estilo, e intentó razonar y buscar alguna excusa a su no comparecencia en  aquella noche, trató de ser real, y la cordura y su buen juicio trabajaron por élla y supo que no le había pasado nada malo. Ya sabes que yo tengo algo de bruja, le decía élla algunas veces, y era cierto, su intuición o su precognoscimiento solían fallar muy pocas veces. Bueno, lo de bruja se lo decía en tono familiar, coloquial, como una brujita buena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, seguramente creía recordar que le había dicho, que en principio iba a ir hoy, pero que no había al final podido ser, por otro lado, le había oído como muy lejos, y parecía darle a entender que le llamaba desde una cabina telefónica en una calle con mucho tráfico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un beso muy fuerte, eran las últimas palabras que le oyó, seguro que a él también le habrían oído fuera de la cabina.&lt;br /&gt;Se despegaron sus labios en un gesto de beso muy tierno al vacío y abrió los ojos poco a poco, todo su cuerpo se estremeció, permaneció un rato quieta y decidió ir a casa de su madre, le había llevado a los chicos aquel atardecer, y ahora ya haría rato que dormían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puso en marcha el motor y partió, cuando las luces de gálibo rojas de su coche fueron sólo un punto cuesta abajo, quedó la noche definitivamente sola, sin nadie que se preocupara ni por hacer crujir la gravilla blanca del camino de la estación.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8662701199744669714-855441899175839677?l=euveden.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://euveden.blogspot.com/feeds/855441899175839677/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/01/espera.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/855441899175839677'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8662701199744669714/posts/default/855441899175839677'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://euveden.blogspot.com/2009/01/espera.html' title='&lt;h1&gt;&quot;Espera&quot;&lt;/h1&gt;'/><author><name>El Vigilante de las Constelaciones del Norte</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17844001064785851475</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
